Taboo 2017 “karma Dickesiano”

 

TABOO -- "Episode 1" (Airs Tuesday, January 10, 10:00 pm/ep) -- Pictured: Tom Hardy as James Keziah Delaney. CR: Robert Viglasky/FX

Dicen los británicos que Charles Dickens ha sido el mejor representante de los valores del perfecto inglés. Posiblemente, ningún escritor haya dejado una estantería literaria, de semejante calado, sobre la injusticia social. La misma a la que fueron sometidos, aquellos más pobres y débiles de nuestra sociedad. Miles de niños, discapacitados, prostitutas y ancianos fueron el gran botín de los más poderosos. Una interminable conjura de aristócratas y comerciantes que marcó el devenir de un imperio subyugado a las intrigas palaciegas del cuerpo regio victoriano. Dickens, describió todos los rincones del viejo Londres y dejó patente la insalubridad de una ciudad, dura, enferma y pestilente. Una villa donde esos desheredados del bienestar comían restos de animales muertos: perros o caballos, que se agolpaban en el cauce del Támesis. El alma de Taboo, es el detritus de la rabia y la impotencia, de un estómago vacío. Así se presenta esta nueva serie de la prodigiosa BBC. Una creación, del siempre prolífico, Steven Knight y Chips Hardy (padre del actor, protagonista del show). Y el inagotable Ridley Scott. Tom Hardy se podría decir que mantiene una relación profesional con Steven Knight muy cercana. Puro feeling. En 2013 rodaron la brillante Locke (2013) y ahora mismo, está trabajando, en otra de las series estrella de la BBC, Peaky Blinders junto al norirlandés Cillian Murphy, el jefe de la pandilla de gangsters de Birmingham. Steven Knight nos propone una ambiciosa, barroca, oscura y cruda ficción. Un hombre, James Keziah Delany,  que se la había dado por muerto, tras un largo viaje a África donde ha pasado, una década, conviviendo con diferentes nativos y gentes, en los lugares más remotos y peligrosos de allende. La primera secuencia del episodio piloto es apoteósica. Un rápido travelling aéreo, nos hace divisar un bergantín, de donde se ve navegar a un hombre, dentro de un pequeño bote. Su figura parece la guadaña de las almas: la muerte. El agua está repleta de una densa niebla. Al fondo se descubre entre claroscuros y grises tonos; la ciudad de Londres. Nuestro protagonista está subido a un espléndido caballo. Se acerca hasta un roble y se baja del equino. Al lado del gran árbol cava en la tierra un agujero y guarda una bolsa de cuero con diamantes. En el puerto y la zona del embarcadero la actividad comercial es excitante: animales y pescados pululan junto al lumpen. La cámara se fija en una de las pasarelas/puente del río y aparece un sequito fúnebre, encabezado por una carroza —que porta un ataúd— tirado por cuatro corceles. Personajes de diversa índole lo integran. Desde un enano ataviado con ropas caras —de un luto riguroso— hasta la joven mujer que se yergue en una hermosa grisácea yegua.

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Finalmente, Tom Hardy, llega a la sala de la morgue, donde un cadáver completamente desnudo (su padre), se deja acariciar por la luz —que entra— por las claraboyas de la cúpula. Dos monedas en sus ojos lo exhiben ante Hardy, empapado en lluvia, que le pide perdón a su oído, mientras recoge los metales de sus cuencas y guarda en su bolsillo. Entra la cortinilla de presentación con motivos caleidoscópicos, donde el agua del océano y la infografía juegan con la introducción de los créditos. La fotografía es de Mark Patten, un mago de la luz, que dio el salto de la mano de Mr. Scott con The Martian (2015), realmente exquisita. Los tonos de la pintura de Courbet y Fildes se palpan en cada plano. Al igual que la dirección del episodio, obra del danés, Kristoffer Nyholm. Un cineasta con buen tino, deja su buen oficio, en las interesantes Forbrydelsen (2007) y The Enfield Haunting (2015). Por momentos, Tom Hardy, parece ser el nuevo Edmond Dantès de A. Dumas. Y es que Mr. Knight ha vuelto, a sus texturas favoritas, como viene haciéndolo con su exitosa Peaky Blinders. En Taboo, muestra su devota pasión por el paroxismo teatral y la cruda exuberancia de la escenografía. Eso sí, cambiando el Punk/Gothic/Rock de N. Cave y los White Stripes, por los violines y la electrónica de Max Richter. Una notas musicales que contienen el aliento. Taboo es un gran drama, con elementos históricos, que nos trasladan al Londres de 1815. De repente, nuestro fascinante protagonista, se exhibe en la ceremonia —del réquiem por su padre— como alma en vilo, envuelto en un halo de misterio. La mirada cansada y unas facciones que están marcadas por unas singulares cicatrices. Pasando por delante de los bancos —de la iglesia— donde están sentados su hermana Zilpha (Oona Chaplin) /Black Mirror, The Hour, Quantum of Solace/ y el codicioso esposo, de ésta, Thorne (Jefferson Hall)/Get on the bus, Emma y Powder/. Todo son miradas soslayadas y temerosas. Ellos saben que James Keziah va a reclamar su herencia. Después de la solemne ceremonia, comienza el ágape/pésame, donde el albacea de la familia Robert Thoyt (Nicholas Wooedeson) /Hannah Arendt, Skyfall, Rome/ le comunica, cuál y cómo, es la herencia de su querido padre: un pedazo de tierra envenenada y deseada por muchos miserables en la zona. James Keziah Delany comienza su periplo de visitas y ajustes de asuntos personales. Descubrimos a un gentleman con un abrigo de lo más cool, largo liso, y un sombrero de copa, que encarnan su parodia despectiva hacia la clase alta, dándose pompa y atrevimiento con una cicatriz que arrolla su ojo izquierdo, en forma de estilete.

WARNING: Embargoed for publication until 00:00:01 on 03/01/2017 - Programme Name: Taboo - TX: 07/01/2017 - Episode: Taboo - Ep 1 (No. n/a) - Picture Shows: Brace. Brace (DAVID HAYMAN) - (C) Scott Free Prods - Photographer: Olly Robinson

 

Andares sobrados y un pulido bastón que anhelan al pendenciero Dorian Grey de Penny Dreadful. Eso sí, en cuanto cambia el gesto produce en su contrincante; mucho miedo. No obstante, la venganza y la sangre parecen olerse en la pantalla. Uno de los affaires más importantes, es el asunto, de su testamento. Pero lo primero es volver a casa de su padre. Allí se encontrará con su fiel y viejo criado, de toda la vida, Brace (David Hayman) /Sid&Nancy, My name is Joe, Macbeth/. Un hombre de su padre, uno de los suyos. Un personaje, en el cual, se nos presenta una curiosa relación. Esa, ya conocida, de las viejas historias de época; criado/dueño. Muy cómplice. Algo así, como un Bruce Wayne (C. Bale) y Alfred (Michael Caine) del Batman de Nolan. Poco después, se marcha a lo que eran las viejas instalaciones de la empresa naviera y se encuentra con una prostituta, con la que mantuvo un contacto —cuando era un adolescente— ahora reconvertida en una Madame callejera, Helga (Franka Potente) /Corre Lola corre, El caso Bourne, American Horror Story, Asylum/. Ésta, ocupa el local como sitio para llevar los contactos sexuales, creando un tétrico gineceo portuario. Siguiendo con su ruta de asuntos personales, ahora tendrá que ternar con un tema muy íntimo, y la más que probable hipótesis sobre el asesinato de su padre, por parte de los especuladores de la Sociedad de las Indias del Este. Los representantes de la auténtica, caterva de lores y señoritos, que se convierten en lenguaraces buitres. Picapleitos de medio pelo del intocable imperio británico para establecer sistemas de castas todavía en juego en ese país. A pesar de los ataques e intentos por avergonzar a su padre, en boca del oficial al mando de la East India Company; Sir. Stuart Strange (Jonathan Pryce) /Brazil, Game of Thrones, Pirates of the Caribbean/. JKD desestima, la oferta de la selecta empresa comercial y súbita de la corona británica. James quiere la propiedad de su padre y se niega rotundamente a vender ese islote —estratégico— en la Columbia Británica. Territorio que, posiblemente, sea el remedio al fin del conflicto bélico entre los 15 Estados Unidos independizados y el Imperio Británico. El producto parece un pastiche de series que han influido a su creador SK, desde Heart of Darkness (1993) de Nicolas Roeg, la maravillosa Ripper Street (2012) de Richard Warlow. La deliciosa Penny Dreadful (2014) de John Logan y The Frankenstein Crhonicles (2015) de Benjamin Ross. Todas ellas con el denominador común de ese Londres embelesado en barro y miseria —estrictamente Dickesiano— páramo sordidez y ocaso, por donde pululan podredumbres de putas y travestidos de encajes de puntilla en blanco, escanciados en motas de carbón, que esgrimen dagas escondidas y mosquetes. Por momentos, nos recuerda al polvoriento y encharcado Deadwood.

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Aquel del malvado y codicioso, Al Swearengen. Ahora, uno de los mayores atractivos de Taboo es Tom Hardy, cada paso, cada mirada o frase que pronuncia: es puro talento. Obviamente, estamos ante uno de los 3 mejores actores de su generación. Tenemos al Charles Bronson, violento y feroz del film que rodó con Nicolas Winding Refn. Incluso al Bane de C. Nolan en El caballero oscuro: La leyenda renace. Hasta la épica y la honorabilidad del superviviente Max Rockatansky, en el remake de Mad Max Furia en la carretera. Hasta el desvergonzado e insolente judío mafioso, Alfie Solomons, que interpreta en los Peaky Blinders. Esos momentos, cuando comienza a tocarle la fibra escrotal al comandante de la Indias Sir. Stuart Strange, en unos diálogos perversamente pastoriles. Todo ello, irá apareciendo, en pequeños flashes, a modo, de visiones de muertos esclavos africanos y miembros de las tribus indias nativoamericanas. A ello habría que sumarle el elemento Shelley cuando ordena la flamante autopsia de su padre, a un tal Dr. Powell, (Michael Shaeffer) /Black Mirror/Rogue One Star Wars/ adicto al vino de Madeira y traficante cazatumbas. En un guiño muy directo al joven Victor Frankenstein, de Penny Dreadful. Éste, consigue desvelar, científicamente, el envenenamiento de su padre y confirmar, las sospechas que mantenía nuestro protagonista. Pero los demonios siguen dentro nuestro protagonista. Entre el remordimiento y la conducta salvaje. En un mundo nuevo y viejo, que lucha contra la conciencia del propia James K. Dellany, está corroído por el remordimiento y sus experiencias extremas en un mundo salvaje. La fractura de la psique en James Keziah se aprecia, en su exterior arquitectónico. Si analizamos detalladamente, el caminar con extrema amargura y altanería letal, enmarcada en ese largo abrigo (casi una parca) y ese sombrero de copa que encarnan su pertinaz desprecio de la clase. En esa firme mirada, que marca su salvaje pasado e insinúa todo animalismo. La luz deslumbrante constante, insípida, que petrifica del actor podría parar un león de oro en la planicie. De ahí, el excepcional magnetismo del personaje con el espectador.

WARNING: Embargoed for publication until 00:00:01 on 03/01/2017 - Programme Name: Taboo - TX: 07/01/2017 - Episode: Taboo - Ep 1 (No. n/a) - Picture Shows: Helga. Helga (FRANKA POTENTE) - (C) Scott Free Prods - Photographer: Robert Viglasky

Sus objetivos nunca son exactamente claros, aunque él mismo los ponga en peligro, para llevar a cabo su apuesta comercial del legado de su padre (también hay un escorzo al lugar de nacimiento de la supuesta madre nativa americana de James, otro elemento dramático que abre el gran abanico de subtramas). Hasta ahora, James es sobre todo, un compendio de rasgos de antihéroe en nueva TV del S.XXI, incluyendo una moderna relación incestuosa con su hermanastra Zilpha. De alguna manera, uno percibe que la figura de Gentleman y Hardy está activamente filtrando parte de una soslayada iconografía pop. Empero, pueda reflejar cierta timidez de JKD, como él, está creando un monstruo para sacudir los cimientos de Londres. En el fondo, transmite la sensación del tipo más duro de la ciudad, ese que “de tonterías”, por favor, las justas. Descubriendo el ego de un tipo muy viril. ¿Un arrogante o un leviatán? Firme y capaz de doblegar a sus oponentes, en los salones de la distinguida ciudad. Como en las mejores temporadas de American Horror History, Taboo se atreve a hacer girar un ultraviolento comic gótico, intencionadamente agregando un plus de imaginería atroz. A la vez, hermosa y cruel. Triste y emocionante. Dentro de la tensión clásica de las crónicas de Dickens, tanto como esa escena que hiela la sangre; con James hacia abajo por la orilla, donde un conocido le informa que los perros se comen la carne de las víctimas. Esas que se suicidan desde lo alto del puente. Posiblemente, la mayor baza de Taboo sea, Tom Hardy y el entramado generalizado de subtramas que irán desarrollándose en los próximos episodios. Veremos si Steven Knight nos dejará un final feliz para este drama. Algo que sabemos de sobra que al maestro Dickens le encantaba. Pero la historia puede terminar como una tragedia griega, o quizás en algo más fastuoso, como en el Conrad del Corazón de las tinieblas. El karma Dickensiano también puede ser un asunto de virtuosismo Conradniano. Por último, les puedo decir que esta noche se estrena su segundo episodio en HBO y que FX Networks tiene los derechos de emisión para EE.UU. Según últimas informaciones, su creador, Steven Knight ha propuesto un mínimo de tres temporadas. En fin, lo bueno se hace querer. Nota; 8,3

Channel Zero (2016) “Creepypasta horror”

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Si somos honestos con la realidad de la ficción actual, diríamos, que el fenómeno zombi de Walking Dead ha arrasado y, de algún modo, ha abierto nuevos senderos —en la nueva ficción norteamericana— del nuevo siglo, por el género terror. Obviamente, uno de los creadores más prolíficos y culpables de este hype/revival por las crónicas sórdidas y las leyendas urbanas; es Ryan Murphy. Eso sí, con permiso del maestro Stephen King. RM es un tipo, de esos, a los que amas o detestas fervorosamente. Empero, la industria audiovisual le debe mucho —ese plus— no es otro; que mucho dinero y gloria. La popularidad, en la solidificación de la serie, por antonomasia y antología: American Horror Story. Archiconocida y famosísima ficción, donde toda una generación de teleadictos ha crecido junto a ella. A partir de su repaso a la historia más escabrosa y oscura de la violenta Norteamérica, por itinerarios, que han hecho mella en el aluvión de nuevas propuestas. Desde los revival 70/80,s con psychokiller fugado de un manicomio. Hasta el fenómeno poltergeist, pasando por las casas encantadas y los salvajes habitantes de esa profunda América  con motosierra en ristre. Los ecos del nuevo terror bizarro Made in UK con Black Mirror en Netflix, el tennager de Scream, en la MTV, FOX y su Scream Queens. Nuevamente, Netflix con sus dos novísimas apuestas; Hemlock Grove/ Strange Things. La hermana pequeña de HBO, Cinemax, con Outcast, de la mano, del rey de los zombis: Robert Kirkman. Y por último, el terror policíaco, en HBO de Pizzolatto y su adictivo, True Detective. Evidentemente, la lista podría ser todo el artículo, pero no me quiero exceder, y terminaría el recorrido, tras la huellas de Noah Hawley con los remakes de Fargo, mitíco film de culto de los hermanos Coen. Desde el fragor  de esta larga  subasta —permítanme el deseo— he sucumbido al canal Syfy (caracterizado por su clara apuesta por la ciencia ficción y por producciones de perfil correcto-pasable) con el tráiler de Channel Zero. Obviamente, el interés que ha suscitado esta historieta de terror virtual, es embelesador. Syfy propone con CZ un buen homenaje al género de horror y el buen suspense de los 80. Su adaptación del conocido creepypasta sobre una serie infantil de televisión de los años 80. La pesadilla de Candle Cove parte de una idea de Kris Straub conocido por su web y actividad en la red social. El guionista Nick Antosca (forjado en Hannibal, Last Resort y The Forest) hace un planteamiento —ad libitum— que no deja indiferente a nadie.

                                                                                                 CHANNEL ZERO: CANDLE COVE -- "You Have To Go Inside" Episode 101 -- Pictured: Paul Schneider as Mike Painter -- (Photo by: Allen Fraser/Syfy)

Y uno se pregunta: ¿qué demonios es Candle Cove?  Pues, eso, una serie de televisión hecha con marionetas —que narraba las aventuras— de un joven pirata que viajaba en su barco junto a sus compañeros, una pandilla de compinches piratas de rasgos infantiles, pero con unos sentimientos muy retorcidos. Y es que, en los foros y rediles del corral social se afirma que varias personas aseguraban haberla visto en televisión en esa época. Un material que provocaba infinidad de pesadillas y terrores nocturnos al recordar algunas de las angustiosas imágenes emitidas durante la serie. Evidentemente, las inquietantes marionetas, son la constante fuente del escenario perturbador y grotesco del show. Pero es lo que hay, es decir, el concepto creepypasta es eso. Tan sencillas, como los chistes más castizos de tradición oral: historias creadas en la webesfera y compartidas por las redes sociales. Un terror que es horrorífico, desde el plano más ingenuo de la vida, en muchos casos con resultados dañinos. El capítulo piloto mostró visos muy prometedores y, finalmente, Syfy ha firmado dos temporadas de 6 episodios, por entrega. Cada una de ellas se centrará en una nueva historia de terror. El protagonista —absoluto— Mike Painter (Paul Schneider visto por Elisabethtown, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford o Café Society) es la cara que da vida, a la estrella de Channel Zero. Un actor de reparto muy solvente de  mirada penetrante. Painter está obsesionado con un misterioso programa de televisión de los años 80, y, como influyó, en los acotamientos mortales, de un grupo de chavales que vivían en la localidad de Iron Hill (Ohio). Mike Painter ejerce como psicólogo infantil y se ve obligado a volver para investigar lo que realmente pasó en su ciudad; el cómo, cuándo, dónde y el porqué de esas desapariciones y muertes de su hermano gemelo Eddie y junto, a él, cuatro niños más del pueblo, aquel día, de 1988. Todo ello bajo la pretensión de escribir un libro.

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Comenzando a revisar documentación y lugares donde ocurrieron los acontecimientos in situ. El primer conocido con quien topa, es su viejo amigo, de aquella infancia, ahora sheriff de la localidad: Gary (Shaun Benson). Un tipo que, en el fondo, mostrará entusiasmo por el retorno de MP y con los días —cierto agobio— por la idea de sacar todo aquel traumático pasado. La madre de Mike, una de las mejores actrices de la serie, Marla (la irlandesa Fiona Shaw) veterana actriz de reparto de largo recorrido; El Árbol de la vida, Harry Potter o la Dalia Negra. En su reencuentro con Mike, deja muy claras sus intenciones, por no revolver el desgraciado pasado de la muerte del pequeño Eddie. Luego está la esposa de Gary, Jessica (Natalie Brown). La amiga de la infancia de Mike, Amy (Luisa D’Oliveira). Todos susceptibles de dejar, en el baúl del trastero, el tormentoso affaire. En el fondo, la herida sigue abierta, y de algún modo, la vuelta de MP no hace más que entorpecer el proceso de cicatrización. Aunque, en el fondo, nadie de Iron Hill ha olvidado la tragedia de aquellos ochenta. Sin embargo, Mike, no está por la labor de olvidar de inmediato, como aparentemente, parece apostar todo el mundo. Más turbador resulta, observar a Mike iniciar un proceso de regresión, en el cual, se verá de nuevo atrapado en los nudos más espeluznantes del corazón de esta perversa historia. Una conexión repentina cuasi esquizofrénica con los personajes del barco pirata, y en ese estado, vuelve a aparecer su hermano pequeño Eddie (interpretado por Luca Villacis) a través, de unos fascinantes y amenazantes flashbacks. El espectáculo va adquiriendo un tono admirable, aquel de las viejas películas de serie B, ochenteras, como aquellas adaptaciones del siempre alucinante Stephen King en los “Los chicos del maíz”. Los sustos son de consideración, y el horror online, de la leyenda urbana va sigilosamente entrando por la rejilla del ordenador, hasta la pantalla. Syfy ha tocado una tecla, donde los propios mitos, miedos y horrores de una generación se revuelven en un ambiente de absoluta angustia y desconcierto. Otros elementos destacables del show, es la inquietante y lacónica BSO, de la mano, del compositor musical de moda en la pequeña pantalla, de este S.XXI, Jeff Russo. La exquisita fotografía de Noah Greenberg —con un gusto cartesiano— por el encuadre y la iluminación que recuerda tanto a las producciones basadas en las novelas del maestro S.King.

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En medio del caos del silente medio oeste del cinturón agrícola de la América sin final. Channel Zero ejecuta un material sólido y espeluznante de una leyenda urbana esquizofrénica. La criatura principal —encaja perfectamente con el insólito monstruito— que se convierte en el combustible vital de toda esta surrealista y angustiosa pesadilla. A pesar de algunos finales de la evolución del juego carezcan de mayor recorrido imaginativo. Luego, Channel Zero consigue, el beneficio de la duda, en esa enésima reinterpretación de las pulsiones de los títeres/asesinos del mal, donde los niños se convierten en cómplices absolutos, de cualquier programa de televisión o una película de las últimas décadas. Los peros, son demasiados y la legión de detractores todavía mayor. No obstante, el esqueleto emocional es admirable, y a la vez, muy bueno de relatar. Una historia sutilmente calculada, en los miedos de la infancia, y una gama de sustos de la vieja escuela, capaces de ser uno de los alicientes ,tras estos últimos días del pasado Halloween. Y es que, “la edad adulta es sólo una máscara, una careta sofisticada, seguro,” esputa Mike en el episodio piloto. La misma que se convierte en su vaso de leche nocturno y convive detrás de él, y a los mismos niños que desaparecieron. “No es la primera de su tipo, y el Señor sabe que no será la última. Pero detrás de él, todos somos los niños que estábamos allí” Ese es el mismo punto, donde Stephen King afirma que el horror es parte de un período en el tiempo, que coincide, con episodios de desequilibrios económicos y políticos; los libros y películas parecen reflejar esas desazones que flotan libremente –a falta de un mejor término– que acompañan esos espacios de tensión, graves pero no mortales”. Channel Zero no es más que un mensaje más, de entre las millones, de historias espeluznantes que se transmiten, como viejas historias terroríficas, y seguirá siendo así, a lo largo de la historia.  Algo así como, el déjà vu de Mike, que se convierte en pura niebla mental. El viaje de 1998 a 2016 es difícil de digerir. Aunque, no estamos seguros, si esos destellos de imágenes, en su cabeza, son alucinaciones, memorias basadas en realidad o cosas que, realmente, le están pasando a él en su devenir diario. Hay algo en esa atmósfera que, el propio Mike Painter, guarda y amaga. Al igual que el irrepetible e inquietante Norman Bates (la sombra de la sospecha de su implicación es obvia), y sólo la atmosfera de Candle Cove podrá dar las señales a la incógnita de la fantasía y el mal. En el fondo, no hay nada mejor que un empacho de televisión, claro que no está de menos observar a los niños que hacen con el mando. Lo dicho, un vaso de leche y felices sueños o pesadillas… Nota: 7,1

Hap & Leonard (2016) “Pure enjoyment”

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No es la primera vez que advertimos sobre un panorama, algo saturado, en esto de la ficción televisiva. Pero no se alarmen y veámoslo como un pequeño toque de atención. Sé que muchos de Uds. se hacen la misma elucubración ¿Está agotándose la ficción Made in USA?—les contesto: No. Si volviéramos a otras viejas críticas, no sería extraño comprobar que el arranque del artículo es el mismo; pero es que han pasado demasiados años y la parroquia—en estos tiempos de vigilia postrera—no es la misma. Los espectadores cambian como los semáforos de las ciudades y uno, por alusiones—servidor—, anda algo mayor. Una generación que creció con SWAT, Cannon, Mike Hammer o Canción triste de Hill Street y el adictivo Falcon Crest, hasta aterrizar en la amadísima y mater familias de la nueva edad de oro de la TV; la mítica Twin Peaks y los pelotazos de HBO, The Sopranos, The Wire o A Six Feet Under. Luego, el caudal de búsqueda de nuevos paramos fértiles, vía streaming y la irrupción de nuevas productoras, sigue en la senda de la explotación, para  un mercado aparentemente inaudito y plausible. Un negocio donde el ingenio cuanto más sutil; mejor ejercicio. Bueno, y ¿dónde quiero ir a parar con toda esta valoración de los nuevos parámetros televisivos? Muy fácil, a un lugar donde los campos abonen semillas fructíferas y verdaderas. Por ejemplo, hará unos cinco años —aproximadamente— el canal del guaperas actor de los 70 y nuevo mecenas del buen talento; Robert Redford. Desde su factoría/laboratorio del mejor cine independiente norteamericano y la nueva productora de ficción televisiva Sundance TV está haciendo proyectos realmente adictivos. Algo que comenzó con aquella miniserie australiana dirigida por la no menos prestigiosa, Jane Campion en Top Lake un drama que escondía un thriller de abusos y pequeños ajustes de cuentas políticos, en un lugar recóndito, muy bien hecho. Después nos llegó la magnífica Rectify (a la espera de la 5 temporada, ya estuvimos hablando de ella) con un aura emocional y vibrante denuncia sobre la pena de muerte: exquisita. Manteniendo algunos de esos réditos y formas plásticas de la concepción audiovisual nos encontramos con el film Cold in July (2014). Obra que se ganó el favor de la crítica y fue dirigido por el mismo creador de nuestra nueva serie a comentar; Jim Mickle. Al lado de su inseparable guionista Nick Damici, siguen con la labor de continuar adaptando las novelas del genial escritor Neonoir gótico y slatterpunk; Joe R. Lansdale.

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Y ahí es donde Sundance TV nos trae Hap and Leonard. Una historia de un par de personajes muy en la línea de los protagonistas de la mencionada CIJ. Partiendo de la colección de novelas del mismo nombre H&L de este singular y divertido escritor: JRL. Los creadores del show Mickle y Damici nos adaptan a estos antihéroes de la Texas de finales de los 80/principios de los 90. Una extraña pareja: Hap Collins, blanco anglosajón, objetor de conciencia al servicio militar, que termina preso (James Purefoy Roma 1997) y Leonard Pine (Michael Kenneth Williams The Wire 2002), veterano afroamericano miembro del cuerpo de marines en Vietnam y abiertamente homosexual. Hay que reconocer que mucha gente no hubiera dado un duro por este dúo de actores. Pero la verdad es que nos encontramos con una pareja muy bien avenida de fina química. Sus vidas están condicionadas por los empleos de poca monta para salir del paso —dando tumbos— por la profunda Texas de finales de los 80 Reeganniana y a un paso de la nueva era de Bush padre. De repente, aparece una hermosa y fantástica, Trudy (Christina Hendricks Mad Men), la ex esposa de Hap con un asunto muy atractivo y con su toque puramente del viejo cine negro. Propuesta de mujer fatal…, cariño sé de un lugar donde hay un potosí. Claro que para llegar a ese Dorado hay que bucear muy hondo, en un río cerca de los cayos, donde los caimanes pasean hambrientos y las aguas son turbiamente profundas: hay que abrir el maletero de un viejo coche, donde reposan los codiciados dólares. Hap&Leonard es un espectáculo muy bien hecho con ecos al disparatado y brillante Hardboiled Banshee de Cinemax, que empuja al género con un ritmos muy sui generis, propios del sello Sundance. La aventura se acompaña de Howard (Bill Sage) —el nuevo esposo de Trudy— en el papel del hippie obsesionado, con salvemos el dinero en paraísos fiscales. Chub (Jeff Pope) un tipo gordo y grandullón heredero de la tipología más Made in Fargo de la factoría Coen Brothers y el ex activista y mercenario revolucionario de rostro desfigurado; Paco (Neil Sandilands) más cercano a un film del difunto Craven. Reunidos en una vieja hacienda semi-abandonada planean la estrategia de recuperación del dinero. No obstante, a todo el variopinto grupo de cazadores de tesoros —que piensan que el dinero se ha quedado atascado en el fango— pero reposa en el maletero de un viejo Ford en lo más hondo del río.

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Todo ello guiado por el gurú del grupo Howard, un tipo que se refleja el progreso de la contracultura del individuo blanco, en su transformación de viejo hippie a yuppie. (El gran Lebowski era un tipo muy perseverante en la cómoda propuesta). Luego, él y toda su cascabelera cuadrilla  hippie trasnochada,  quiere tomar el dinero y establecer una paz verde del tipo sin animosidad de lucro para cambiar el mundo,  Habría que añadir a toda esta tropa, un traficante de droga local (Jimmi Simpson) aquel hacker de la exquisita House en Cards T3 y exuberante novia punkie sanguinaria la escocesa (Pollyanna McIntosh The Woman y The Filth) personajes que introducen el elemento del caos a la historia; ya que son los dueños del terror que inunda la ciudad con sus execrables asesinatos. Sin embargo el mayor efectivo del producto y posiblemente el empuje más seductor del mismo siguen siendo la pareja H&L en sí muy significativos. Partiendo de la prosa original, de Lansdlale son los prototipos, de hombres dignos de un estudio—cuasi— antropológico. Todo ello contrastando los entornos, de ese norte liberal postindustrial, y ese sur conservador agrícola. La unión de ambos por su imperecedera lealtad de uno al otro, sin cuestionarse ni el color de piel, ideología o identidad sexual. Hap es blanco, sureño, tolerante, y ex activista contra la guerra del tío Sam. Tampoco se le podría etiquetar del típico votante progresista del partido demócrata, pero lo que es más evidente; es su animadversión hacia las proclamas de los conservadores fanáticos. Mujeriego por antonomasia y amante de las causas perdidas. En cambio, Leonard es un veterano de Vietnam, ideológicamente conservador, a pesar de ser estigmatizado por esa mácula del color, y su identidad de Gay en una América sureña en los años donde se atisba una América que tiene en el cambio al gobernador Michael Dukakis contra el republicano Bush padre. Ellos dan señales de preocupación, en ese instante, donde todo salvaje vividor va viendo que los años de grandes fechorías y diversión están contados; los 50 tacos les persiguen como un cazador de patos en un lago. Y mojarse la tripa en la mitad del trayecto puede ser un viaje peligroso.

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Una de las grandes sorpresas del show es la interpretación, del siempre carismático, actor Michael Kenneth Williams, mítico Omar Little de la legendaria The Wire y el fiel gangster de color Chalky White de Boardwalk Empire. Todo un lujo observar el cambio de registro, alejándose de esos ecos —llamémosle— violentos de alto voltaje y meterse en la piel de un tipo con sensibilidad, honorabilidad y sentido de la heroica. Todo lo contrario del gentleman James Purefoy cuestionado por su origen británico, dio mucho que hablar, sobre la idoneidad de su elección para ser Hap Collins. Obviamente, el resultado no puede ser mejor, su solvencia a la hora de poner el acento texano y ese toque cínico, propio del personaje, original de las novelas. Siempre he dicho que sólo han habido dos Marcos Antonios impagables: Richard Burton y James Puferoy en Roma de HBO.  Y es que desde el primer contacto con la cámara, Purefoy y Williams venden la compenetración entre sus caracteres. Así como el contoneo juguetón de Hap Collins con su ex Trudy, una Cristina Hendricks (en pleno esplendor con sus recién 40 años cumplidos) que trae a la mujer fatal de los años 50. Hap y Leonard nos devuelve a ese tiempo donde las estrellas del celuloide eran Don Johnson, Mickey Rourke, Geena Davis, Wesley Snipes o Rob Lowe que se encuentra en aquella divertida y coloreada 1980. H&L se suspende en el tiempo, su frondosa geografía nos retrotrae a la encantadora y sugestiva primera temporada de silencios y personajes muy típicos de esa oculta y desvencijada; América profunda. Estableciendo un estudio en profundidad en la pantalla, cercano a la primera temporada de extraordinaria True Detective. Sabores locales de un contexto regional que esconden pasiones y personajes altamente peligrosos. La serie también utiliza sus flashbacks con moderación pero eficazmente para mostrar y no decir, los orígenes de estos personajes las conexiones. Pero la serie, a veces, pierde algo el tono y la narración de un estilo no siempre coherente. Así como algunas lagunas de su edición y continuidad pueden pecar de episodios demasiado nerviosos. No obstante, el elemento de unos diálogos muy solventes y precisos que nos acercan a aquel humor de muchos dramas criminales de los de antes. Y es que Hap and Leonard es realmente divertido. Su bandera como auténtico divertimento es asesinar por un camino imparable a los idealistas corrompidos. El resultado es algo así como unas fresas en su mejor estado de madurez que terminan irresistiblemente en el paladar de los adictos al género negro.

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La adaptación, en cualquier caso, es por lo general fiel a la novela, con la inclusión de nuevos elementos para conseguir en los momentos más excitantes mayor pirotecnia. La combinación del espectáculo de seriedad temática con momentos hilarantes de situaciones que nos llevan a las novelas de Carl Hiaasen terminando por conectar con el resto del más escéptico y los 45 minutos del episodio se convierten en un pis-pas. “Estos tipos son la clase de vaqueros fuera de tiempo”, según Jim Mickle, de ahí, la ubicación del contexto de los divertidos años 80. Y que el ambiente occidental, con un “sentido y moralidad que vuelve y se mantiene por los siglos de los siglos”. Algo que demuestra; cual es la especia perfecta para atar este guiso de género. Los diálogos son inteligentes y conmovedores, y de los seis episodios formato garantiza que el espacio se mantenga agarrado y recorta cualquier narrativa larda. No hay mucho relleno, por lo que será muy interesante ver cómo la exhibición de sus dobleces en la segunda mitad. No le hace falta moverse a una velocidad de vértigo, pero los polvorines se establecen para una conclusión explosiva. El espectáculo es sin duda característica de este calibre, con una magnífica dirección de Mickle y el operador de fotografía, Ryan Samul. Así como la excelente BSO del compositor, Jeff Grace. De esta manera, Hap and Leonard se siente realmente como una especie de secuela de la fantástica Cold in July. No sabemos la continuidad de los próximos libros pero quién sabe si Mickle sería capaz de traer al personaje de Bob interpretado por Don Johnson, que sigue siendo uno de los personajes principales en las obras de Lansdale. Empero el espectáculo a medida que va avanzando consigue una gran influencia del tono fílmico de la gran Justified. Al igual que recuerda a una vieja serie de James Garner: The Rockford Files. Donde pasó a ser el detective que estaba de paso de todo, lidiando con los problemas de los extraños personajes que encontraba por el camino y la cutre/hermosa California del sur que descubría en su recorrido. Evidentemente, Hap and Leonard es un sueño hecho realidad. Es un muy buen punto de partida y si el resto de la temporada es tan buena como los cuatro episodios vistos por servidor, posiblemente, estamos delante del nacimiento de dos tipos, con el suficiente currículum, a iconos de gran ficción de este S.XXI. Esperamos plácidamente, mientras suena el buen country de la divertida, explosiva y encantadora Texas. Claro, contando con el elemento sorpresa de algún purista que se haya dejado caer con por bellos parajes de Louisiana, por aquello, de las facilidades fiscales a la producción. Ironías a un lado; Hap&Leonard creo que han entrado por la puerta grande de Sundance. Al tiempo. Nota: 7,8

The best 10 movies of 2015

 

  1. The Revenant

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2. Beasts of no Nation

 

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3.  Ex Machina

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4. Mad Max “Fury Road”

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5. Slow West

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6. Creed

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7. Pasolini

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8. The Hateful 8

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9. Carol

 

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10.  45 Years

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D.O.A “Con las horas contadas” (1950)

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The Man in the High Castle (2015)

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La obra del maestro Philip K. Dick es apasionante, compleja y deudora directa de los mayores genios del género de la ciencia ficción: Wells, Asimov, Arthur C. Clark, Bradbury, Bioy Casares y Borges. Un tipo sagaz, irónico y sutil. Evidentemente, PKD, se consagró con un libro que le marcó el devenir del resto de su ingente obra: The Man in the High Castle, que en su momento, se alzó con el premio Hugo (elmayor galardón del a Sci-fi de los EE.UU). Bueno, pues, como diría el más pintao; cosas de la vida —que suelen ocurrir— para bien o para mal. La cuestión es que el interesantísimo libro de TMITH ha sido llevado a la gran pantalla. ¿Por qué no aprovechar esta fascinante obra para que el gigante de Seattle haya decidido llevar TMITHC al cable del streaming? Y lo más curioso, ha sido el público —que compra en Amazon— quien ha dado su visto bueno a esta magnífica propuesta televisiva. Bien, para aquellos más neófitos con el género o la obra de Philip K. Dick, se harán la siguiente pregunta: ¿De qué va esta historia? Nos encontramos en un mundo muy diferente al que conocemos, actualmente. Estamos en 1962 y la Alemania Nazi de Hitler ha ganado la guerra con el reino de Japón. En 1947, se toma la decisión de dividir los Estados Unidos de América. New York tiene un gobierno alemán y San Francisco otro japonés. Únicamente los estados paralelos a las Montañas Rocosas forman una zona neutral, entre las dos superpotencias reinantes, en el planeta tierra. Los Nazis ya estaban en la luna y Marte. Toda la tecnología es mucho más avanzada de lo que era, en la realidad alternativa, de aquel momento. Un joven llamado Luke Kleintank se ofrece a la resistencia en una fábrica metalúrgica —cuyo gerente— es uno de los cabecillas del movimiento opositor a los opresores nazis. Aquí comienza una historia fascinante de 60 minutos, donde Luke Kleintank (Joe Blake, CSI. Miami, Bones y Person of Interest) conducirá un camión repleto de máquinas de café hacia la zona neutral. Ahora, habría que decir aquella frase de culto del sarcástico PKD, ¿Saben cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan. Amazon ha metido un gol por escuadra —de esos, que últimamente no se brinda, a bordar— el portugués cebado de botas de oro. Cuando todo este asunto pendía de un hilo —ya que toda negociación es dinero y el dinero es política, así como ésta; es dialéctica— ya que todo se daba por hecho con la  BBC  que la convertiría en una miniserie. Nuevamente otro ¿Por qué? Muy fácil; porque el nombre de Sir Ridley Scott y su productora Scott Free es dueña de cientos de libros memorables, y, muchos de ellos innumerables bestsellers.

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En un principio, el balón lo tenía SyFy, con Frank Spotnitz (uno de los grandes escritores de guiones de Sci-fi, ya lo demostró en expediente-X) con la condición de que el productor fuera Sir Ridley. Al final, los dineros ordenan y la todopoderosa Amazon está haciendo las cosas muy bien. Transparent, Bosch, Hand of Good, Mozart in The Jungle y esperando a Woody Allen. La cuestión que tenemos una primera temporada de 10 episodios. Empero ataron los últimos cabos y se rodó el episodio piloto. La dirección artística es original, muy auténtica, claro está que, habrá quien pueda discrepar y la verá un tanto extraña. Pues, la magia del libro pesa mucho sobre el cuerpo audiovisual. Al igual que Blade Runner, Total Recall o Paycheck, y otras pelis inspiradas en relatos o historias, del genio de Illinois acaban por tener una factura maravillosa. El alma de  Dick está en la historia y las imágenes. Observamos un mundo totalitario hecho pedazos. La atmosfera es asfixiante y opresiva. Algunos de los protagonista/antagonistas del libro original han sido eliminados y modificados ad libitum. La protagonista/heroína de la  historia es Juliana Crain (Alexa Davalos, Furia de titanes, Mob City o las crónicas de Riddick), una joven que estudia Aikido en San Francisco. Su hermana queda una noche con ella y le enseña un misterioso carrete de película. Inmediatamente, su hermana es ejecutada por los soldados japoneses que le iban persiguiendo. Evidentemente, la hermana de Juliana estaba involucrada en la resistencia y el carrete contiene una película —que tiene unas imágenes— importantísimas para ellos. Decidida en tomar parte por la causa y que el sacrificio de su hermana no sea en balde. Juliana Crain le dice a su novio Frank Frink (Rupert Evans, Ágora, The Village y Hellboy) que le ha pasado y lo que tiene entre manos. Se  dirigirá a la Zona Neutral de Colorado para entregar el misterioso paquete. Una gran cantidad del libro de Dick, curiosamente, se trata de la antigua empresa subterránea que falsifica piezas Made in USA 100% (desde pistolas de la Guerra civil a relojes de Mickey Mouse) a fin de venderlos a coleccionistas japoneses hambrientos de la cultura tradicional norteamericana. Uno de los personajes —que está fantástico— es el del malvado Obergruppenführer, John Smith (Rufus Seyer, un general de la SS) que se dedica a espiar y hostigar a la resistencia americana.

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La película, hecha por una cifra misteriosa conocida, como el Hombre en el castillo High, representa un mundo donde eran los aliados los ganadores de esta contienda, que acabó con el III Reich y el Japón Imperial. Es una de las típicas vanidades de PKD: Dentro de un trabajo de la historia alterna, la propia historia se hace la ficción. Un episodio que desprende magnetismo, en su más irresistible tensión, el affaire de las relaciones políticas, entre Alemania y Japón pasa un momento tenso y receloso. La única cosa, mucho peor, que la ocupación, se hace el campo de batalla para inquilinos rivales; que considerablemente levanta, las ya mas que, enervadas por el propio devenir de la historia. Mientras que el cineasta James Hawkinson (uno de los directores de Hannibal, en NBC) da todo un recital de dirección. A pesar de algunas limitaciones, muy obvias, con el presupuesto. No hace mella en el resultado final. En otras palabras, la falsa novela en una novela es realmente realidad. En la serie de televisión se reemplaza por detalles puntuales, que acaban por deformar, y también, por generar mayor adicción al producto de Spotnitz. Ese juego, entre el espionaje y quién es quién, con el carrete de película que Juliana parece darle una imagen de contrabandista (y así, resulta que Joe no es ese chico tan valiente y honesto que creemos ver). En el fondo es un pequeño bucle de metraje de una vieja película, de la actualidad, más reciente, donde se muestra a los norteamericanos ganar la guerra. Aunque este MacGuffin sirve más o menos el mismo propósito (y de una manera mucho más visual), la serie de televisión todavía no tiene el mismo ambiente existencial que la novela de papel. ¿Pero qué libro o novela llevada a la gran pantalla no lo pierde o lo gana? También, observamos una maniobra no muy limpia por parte de Joe Blake, a través de una importante llamada telefónica. De momento el capítulo piloto de 1 hora exacta se ha hecho un trabajo impresionante de la construcción del mundo Philipkadiano. En breve veremos el resto de episodios desfilar de un tirón, ya que el método de emisión por parte Amazon Studios es idéntico al de Netflix; todo el menú en una sola comida. Algo que el crítico/escritor y buen amigo: el malagueño, JF Ferre, uno de los grandes conocedores del mundo Philipkadiano, y la gran obra de K. Dick, agradecerá, y de paso le felicitamos, por su nueva novela; El rey del juego  Ed. Anagrama. Por el momento, para ir abriendo boca, el piloto es un trozo de fragmento narrativo del magnífico libro de PKD. Estaremos muy pendientes de Amazon Studios y sus movimientos, ya que está siendo una de las grandes sorpresas de este último lustro. La apuesta por una ficción de gran calidad creativa. Nota: 8,1

Secret Beyond the Door (1947)

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Public Morals (2015) Hell´s Kitchen

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Hay algo reconfortante en el camino que definiría al director/ actor estrella y guionista Edward Burns: un físico bien parecido, a modo de híbrido, entre Richard Gere y Robert de Niro hace unos cuantos años. Así como, su admiración por la obra de Fuller y Ford. Ya ha llovido desde que la gran cocina del cine independiente —Made in Redford— le brindase el reconocimiento por su opera prima; los hermanos McMullen (1995). La crítica y público se enamoraron del chico de Queens. Burns interpretó, escribió y actuó de maravilla en una comedia romántica, soñadora y con un intenso aroma irlandés fordiano. Siguió dirigiendo e interpretando hasta que se cruzó con Spielberg y lo convirtió en un icono, de una generación, de actores en busca de Ryan/Matt Damon. Nunca dejaron de flirtear el genio de Ohio y el neoyorkino. Esos cotejos que son tan inescrutables como los caminos del señor. Bien, 20 años después vuelve a la carga, con muchos de aquellos elementos, que lo catapultaron al mirador, de las grandes estrellas del mainstream. El inquieto Burns se nos presenta junto a Steven Spielberg y TNT TV en una nueva revisión del Neonoir de policías con su serie; Public Morals. La historia, de un oficial jefe de la brigada antivicio que lucha por sacar adelante a su familia. Mientras coquetea con la delgada línea que separa la honorabilidad y la integridad de la corrupción y el crimen. Un lado oscuro implicado, en pleno contexto criminal del Nueva York del West side, a mediados de los 60, concretamente, en el famoso barrio de gangsters irlandeses e italianos Hell´s Kitchen. La cocina del infierno, de  siempre se ha caracterizado por ser un lugar—llamémosle— divertido, creativo y “movidito”. Parte de lo que se conocería en una terminología más urbanita: el Midtown. Un sitio donde el mundo del cine es parte de él. Algunos actores como Burt Reynolds, Charlton Heston, James Dean, Madonna, Jerry Seinfeld y Sylvester Stallone han sido vecinos y residentes a lo largo del tiempo. Public Morals es un producto 100% deudor de aquel contexto de finales de los 60 y principios de los 70. Ecos de admiración que rezuma en muchos de sus planos, a El Padrino (1972) de Coppola, Malas calles (1973) de Scorsese, Madigan (1968) de Siegel o French Conection de Friedkin (1971). Un reenésimo homenaje a los trapicheos de devanes entre  los kármicas relaciones; poli-delincuente.

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Hell´s Kitchen está a un paso de Broadway (prostitución, drogas, dealers y chulazos de aquellos tiempos). Así como las zonas más pudientes de la gran manzana y el mítico Central Park. Y es que la bahía del  Hudson entre las calles 34 y 59, muy pronto, se convirtieron a principios de siglo en un lugar donde Los mafiosos, destilan el recuerdo de los veteranos del barrio, y a la postre, institución cultural de aquel peligroso lugar de antaño: protección del barrio, y, desde ese pacto, de si hay problemas para el propietario; no va conmigo. El pago era la moneda de cambio habitual. Así como las tradicionales prácticas más comunes; extorsión y el control de las apuestas deportivas. Eso sí, alejados de esa vitola legendaria, de asesinos a sueldo, más propia de los clanes italianos. Sí que es evidente que a mediados de los 70 toda la vieja generación se marchó de Hell´s Kitchen y  comenzaron a florecer nuevos chavales, muchos de ellos, familiares directos o indirectos, de los exiliados que ya no estaban por la labor del dialogo, y sí de la hiperviolencia. En ese contexto Burns se lanza como inspector jefe del grupo de antivicio, bajo el subterfugio, guardar el orden, servir y proteger al sufrido ciudadano. En el fondo, este actor siempre ha sido uno de los tipos más listos de la clase. Su bagaje cultural es alto; cinéfilo empedernido y amante del FilmNoir. Repetir con TNT, desde una perspectiva idéntica (Mob City) 2013 adaptación del libro de John Buntin durante los años 40/50. La crítica aplaudió el resultado y de nuevo, el canal apostó por Burns. Además, eso de llevarse a Spielberg a esta aventura; tiene mucho encanto. Luego,  Public Morals no trata de reinventar lo ya inventado y creado, sino más bien impregnar a los espectadores de una absorbente historia Neonoir para la TV con ecos  Shakesperianos. Vistos 6 capítulos del total de los 10 que completan la miniserie; nos encontramos ante un producto muy bien hecho. Por ejemplo, es muy difícil evitar, por momentos, en algún garito o burdel hallarnos a Don Draper de Mad Men o a Silvio Dante The Sopranos arreglándose el tupé en el lavabo de un restaurante de lujo italiano. Las localizaciones son una gozada, desde Silvercup Studios, y en lugares, auténticos baluartes, históricos de la ciudad de NY, como el salón de té ruso, el Hotel Park Lane y Barrow’s Pub en Greenwich Village.

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El primer capítulo se desarrolla a partir de un affaire con una prostituta que trabaja por su cuenta, es decir, tiene un apartamento alquilado. Ed Burns (Terry Muldoon), y su socio Charlie Bullman (Michael Rapaport) “Beautiful Girls” Copland y Justified”. Se presentan como garantes de la ley, dándole una charla sobre la moral y las relaciones con la vecindad a ésta. Dad al César lo que es del César y a poli, lo que es, de la poli. Ed Burns es muy bueno en su papel, del zorro oficial, de policía impartiendo la vieja moral, del palo y la zanahoria. Como Muldoon explica muy bien un poco más tarde en el episodio, “los policías no están allí, porque la policía tiene tantos ojos como Dios… Pero sí que desempeñan la labor de la gerencia de los llamados crímenes sin víctimas”. Es decir,  un delito en la Norteamérica de mediados de los 60 era salir de una casa de una supuesta prostituta. No hay pruebas, pero si la placa de un poli que conoce a esa chica: la situación la pintan calva…, le dicen al ciudadano que esto es un delito grave y él se acojona. Pero hay una forma de arreglarlo. Siempre hay una forma de arreglarlo: unos pocos dólares y aquí no ha pasado nada. El director de fotografía William Rexer y la directora artística Tina Khayat hacen un trabajo fantástico. Por momentos estamos paseando por el viejo West Side de Manhattan y es muy creíble. No sería difícil ver en Public Morals emparejada con movimiento rápido del cine clásico de gangsters. Todo fluye rápidamente, a través de la  pantalla, en grandes taxis y una línea del estribillo de vasos pequeños de chupitos de whisky y botellas de cerveza, propulsados por un transitar de sombreros: Fedoras, Porkpies y Homburgs.  Hombres vistiendo que asienten con la cabeza, como en las viejas películas de Edward G. Robinson James Cagney y Gene Hackman. “Nosotros hacemos lo que se ha hecho durante los últimos 100 años. Gestionamos,” dice sabiamente en uno de las más elocuentes defensas de corrupción policial. “Creo que nosotros, como los terratenientes, hemos de ser remunerados con una renta—digámosle—acorde con la coyuntura económica. Si quieres estar en negocio tienes que pagar la renta”. Algunos encontrarán la serie, que tiene una larga y dura mirada a la incómoda alianza entre la delincuencia organizada y policías en la cocina del infierno demasiado conscientemente fresco y estilizado. Muldoon colabora estrechamente con su tío John O’Bannon (Timothy Hutton) “American Crime, El buen Pastor y  Beautiful Girls”, un gángster que ejerce la jefatura en el lado Oeste hasta que es asesinado. En una de las primeras escenas, O’Bannon su hijo Sean (Austin Stowell) “Whiplash y Behind the Candelabra” miembro de la brigada aparece de paisano y entra en su garito amenazándole con  matarlo; “si vuelves a pegar a mi madre de nuevo te mato”. O’Bannon está subordinado al gran boss del barrio: el viejo y sagaz Joe Patton (Brian Dennehy)” Acorralado, Best Seller, Cocoon Presunto Inocente,” que está fantástico en su papel.

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Éste, también tiene un conflicto muy dilatado con su un hijo, Rusty (Neal McDonough) “Hermanos de Sangre, Minority Report, Justified” y el tío Tommy (Fredric Lehne) “/mano derecha ejecutora de Patton y ahora de conspirador cercano con el pequeño Rusty Patton.También está el teniente de la brigada King (Rubén Santiago-Hudson) “Selma, Castle, The Good Wife”, y, el capitán jefe Johanson (Robert Knepper) “Buenas noches y buena suerte, Carnivale, Prision Break.” Otro magnífico personaje es el de Peter Gerety “El año más violento, Rubicon, Syriana” (el jubilado Sgto Mike Muldom)  padre de Terry Muldom; que es el poli de toda la vida. Su olfato y manera de ver la vida es y ha sido la vieja escuela. Indaga por su cuenta y sigue estando al día sobre lo que se mueve por el barrio. La relación con su hijo es buena, no por ello exenta de pequeñas discusiones, por el hecho de que su padre ya no esta en el cuerpo ni lleva uniforme. Entre los veteranos de la brigada es el oficial Vince Latucci (Wass Stevens) “El luchador, The Blacklist, Ley y Orden”. Descendiente de italianos y muy bien relacionado con los clanes organizados. Viste como un personaje de Goodfellas, al lado de su atractiva esposa, Deirdre Duffy (Lyndon Smith) “Extant, CSI Cyber, Stalker”. Dos efectivos de la brigada con menos edad son  Pat Duffy (Keith Nobbs) “Bluebird, Ley y Orden, The Pacific” y el novato del equipo. Un joven de buena familia y universitario, que viene recomendado, no muy bien visto por el núcleo fuerte del grupo; Jimmy Shea (Brian Wiles) “Imborrable y Person of Interest”. Otros actores que hacen del casting uno de los más interesantes de este año serían algunos de los irlandeses hampones. Casi todos ellos, hombres de confianza de Patton, como el machaca y chico para todo; Smitty. Interpretado por el siempre fiable de Kevin Corrigan “American Gangster, 7 psicópatas, Fringe”. La muerte de O´Bannon ha alterado todos los delicados equilibrios y parches que hacían del barrio un sitio tranquilo, relativamente, hasta que la cerilla va prendiendo la mecha poco a poco. La venganza en Hell´s Kitcken no se sirve fría, sino en caliente y contundente. Una posible relación entre el socio de Muldoon, Charlie Bullman y una chica llamada Linda (Katrina Bowden) “American Pie 2, Rockefeller Plaza, Piraña 2”, que va en ninguna parte y luego sorprenderá con su nuevo itinerario. Algunos de los miembros de la brigada antivicio siguen con la mosca en la oreja con O´ Shea y dedicen ponerle en el camino de las tentaciones más primitivas y carnales del ser humano. El cebo funciona y las sospechas se disipan. Stowell tiene un amiguete de la infancia que lo va a meter en algún berenjenal, y, el hijo de Muldoon está llegando a la adolescencia. Evidentemente eso: son más problemas adicionales o mejor dicho, los daños colaterales de una familia con sangre irlandesa. Así como la relación marital de TM con su esposa; Christine (Elizabeth Masucci) “Gossip Girl”, “NY22” y “Shame” Es digno de agradecer el pundonor de Burns al asumir la difícil tarea de echarse la serie a los hombros. Detalles tan minuciosos como la elaboración de una soundtrack fantástica, donde no faltan clásicos de la Motown; Marvin Gaye, James Brown o Jackie Wilson, los clásicos del Rock&Roll como The Who, The Yardbirds, Rolling Stones y The Doors. Y las canciones de clásicos de los 60 para bailar muy agarradito; Bobby Vinton, Connie Francis, Frankie Avalon o el enorme Nat King Cole. Lo dicho una OST, que en Spotify es, muy fácil de localizar. Bien, ahora a la espera de la finalización del resto de episodios esperamos, con muchas ganas, el gran tour de forcé que sea capaz de conseguir, una fluidez más acorde a los senderos del Neonoir. Reiteramos, un casting muy bien compensado y la confirmación de Burns como uno de los grandes talentos de su generación. Luego, crucemos los dedos, para que esta serie que tiene buenas cartas, al final pueda renovar y convertirse en toda una realidad para los muchos incondicionales, del buen cine negro policíaco, de la pequeña y gran pantalla. Nota: 6,9

Dead Reckoning (1947)

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Conflict (1945)

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