Vikings (2013-2019) el Valhalla de M. Hirst

 

El director Michael Hirst se ha construido una excelsa reputación como creador de historias y obras de época, que son historia universal y parte de la cultura, de la TV de luxe, como: “The Tudors”, “The Borgias” o la reina “Elizabeth”(1998). Esta película fue el enamoramiento de Hirst con la historia de su país, ya que volvió a repetir film, con en el mismo director y equipo en 2007. Aquel primer debut en la gran pantalla (primera nominación al mejor guion en los BAFTA) y el descubrimiento por la crítica internacional —de la excelente actriz australiana Cate Blanchet— maceró a un gran estudioso del guion y el arte audiovisual. Un estudiante de historia que pasó un tiempo en Oxford y en la London School of Economics; escribe los episodios basándose en su minucioso método de investigación. Empero, el intuitivo MH, en el verano de 2008, comenzó a imaginar y darle vueltas por su cabeza, sobre una gran drama para la televisión basado en la mitología nórdica. Algo caprichoso y como no, animado por un par de copas de vino de más, en Francia. Ahora, en pleno 2019, se halla estupefacto, por la meteórica ascensión de la serie Vikings bajo su control y el equipo del prestigioso canal de TV Channel History, en Canadá. Después de 5 temporadas de gran éxito, este gigante, es visto por millones de fans en más de 250 países del globo terraqueo.

 

A partir de todo este boom, el propio M. Hirst reflexiona sobre uno de los elementos más fascinantes de la historia del pueblo vikingo: cómo aquellos merodeadores pasaron de ser paganos, a cristianos alrededor del año en el año 1.000 d. C. A finales, de la era vikinga. “Eran guerreros formidables y magníficos navegantes, empero su cultura: sus dioses, todo lo demás acerca de ellos fue reprimido deliberadamente por los monjes y por los cristianos escandinavos cuando, por supuesto, después de 400 años, más o menos todos los países escandinavos se hicieron cristianos, y derribaron los templos paganos”, comentó Hirst en un medio de comunicación relacionado con la historia antigua de los EE.UU. Hicieron todos los esfuerzos posibles para destruir cualquier evidencia de vida y creencias paganas. El drama está nebulosamente basado (o en gran parte imaginado) en la vida de un granjero nórdico convertido en explorador llamado Ragnar Lothbrok. Es en parte un estudio sobre liderazgo, ya que Lothbrok gana poder y debe maniobrar con cuidado (y con violencia) entre los jefes vikingos y los reyes europeos para mantener ese poder.

 

 

Las guerras llenan el espectáculo con batallas de hachas, espadas y escudos, donde la sangre cae a borbotones. Pero, en medio de esa violencia, encontramos giros en la trama que involucran disputas fraternales, personajes fuertes, incluidas mujeres rubias con espadas con temibles cortes de pelo, y unos hermosos parajes de Irlanda, Canadá y los fiordos noruegos. Se atisba una fauna y flora en estado salvaje. Admiradores del filólogo de Oxford J.R.R, dejar caer la coda, del homenaje de Tolkien a las epopeyas, mitos e idiomas europeos, a lo largo del devenir, de sus obras literarias clásicas; “El hobbit” y “El señor de los anillos”. Hay quienes dicen que se puede encontrar en Vikings, una versión a modo de, gran emulsión histórica que—digamos, sería ese sucedáneo— del exitoso programa de fantasía de reinos antiguos de HBO: “Juego de tronos”. Sin embargo, esa aseveración, tiene cierta malicia. Ya que los trabajos académicos de la comunidad histórica, parecen indicar que R. Lothbrok (también conocido como Ragnar Hairy Breeches) fue, de hecho, uno de los primeros héroes vikingos descritos en la poesía y las sagas del noruego antiguo. Una crónica anglosajona dice que fue el padre de muchos hijos, incluyendo a Inwaer (Ivar el Deshuesado), Halfdan Ragnarsson y Hubba (Ubbe)

 

Estos hijos se convirtieron en líderes vikingos después de él y vengaron su muerte liderando posteriores invasiones de Inglaterra. El poema islandés del siglo XII Krákumál describe el matrimonio de Loobrok con una hija del asesino del dragón Sigurd (Siegfried) y la escudera Valkyrie Brynhildr (Brunhild), leyendas germánicas y nórdicas. El espectáculo representa a esa hija como Aslaug. Empero, M.Hirst, sabe de qué va este producto, conoce la historia, es su mundo, y en ello, le va el oficio: es una delicia poder tener a un showrunner con tanto bagaje académico. Un tipo que a partir de esa investigación, lectura y contemplación que las ideas: los personajes y las historias comienzan a surgir. Ese proceso es muy importante para mí. Lo que le gusta son las historias que están arraigadas en la realidad y prefiero escribir sobre personas reales, en situaciones reales, pero cuyas historias son fantásticas”, es un trabajo con el que se deleita. 

 

Hirst quiere compartir con el público todo ello. En el fondo, soy un narrador de historias, aunque los guiones estén basados en hechos, los uso como un punto de partida para crear historias . Caso de los reinos británicos donde el rey Ecbert y su hijo el príncipe Aethelwulf en Wessex y con familia política en Mercia; la princesa Judith (Jennie Jacques). En Wessex mantienen un reino feudal, sostenido en un vasallaje de nobles, donde los obispos tenían mucho que decir. Empero el personaje que ha cautivado a dos de los grandes protagonistas de las tres primeras temporadas fue el monje Athelstan (George Blagden) y condición de clérigo ultraestudioso; bondadoso y asertivo. Amén, de determinadas intrigas palaciegas, hay hechos fascinantes, caso del papel de la mujer dentro de la cultura vikinga, como “mujeres escuderas” o “skjaldmo”, una suerte de “vírgenes guerreras” que renunciaban a su papel “femenino” para dedicarse a guerrear. Pero las sagas también recogen tradiciones sobre mujeres que, pese a tener responsabilidades familiares, también se lanzaron al combate. Es evidente que en Vikings, reúne la suficiente violencia de aquellos tiempos; saqueo, violaciones, lucha con espada en mano e intriga política, para satisfacer a los espectadores más clásicos. No obstante, los vikingos también están empapados de religión y tradiciones como hombres de mar, por ello, el gran aplauso, para un Michael Hirst que consigue su mejor historia desde sus inicios, como escritor y director.

 

 

Ya que este énfasis no solo es históricamente exacto, sino que también resiste a la ortodoxia dominante en gran parte de la industria del entretenimiento. Ya que los personajes deben presentarse como si fueran indiferentes al mundo de la fe. En los capítulos de esta última temporada vista —la 5ª— un misionero cristiano que, se presenta en Kattegat, es llevado ante la reina Aslaug (Alyssa Sutherland) por predicar contra “falsos dioses” y lo someten a la siguiente prueba: aguantar una barra de metal incandescente, al rojo vivo, que da miedo solo de verla, para demostrar que su dios es más fuerte que los dioses nórdicos. El pobre feligrés se derrumba en el suelo gritando de dolor con las manos ensangrentadas y llenas de enormes ampollas, mientras los vikingos ríen a carcajadas. Finalmente, la reina le dice a uno de sus guardias, que mate al cristiano. En el mismo episodio, el marido de Aslaug, el rey Ragnar Lothbrok (Travis Fimmel), encabeza a un ejército vikingo en su primer sitio del París medieval. Hasta su unión con otro personaje histórico, el rey Harald Finehair de Noruega interpretado por un convincente Peter Frazén. Todo un personaje que irá tomando protagonismo, tras la enemistad que irá yaciendo entre el Ragnar y su fiel, alocado e ingenioso, amigo Floki que protagoniza un enorme, Gustaf Skargård. Desde el fallecimiento del monje Athelstan, este constructor de los mejores Drakkar de Escandinavia, se siente más introvertido.

 

 

Durante las conversaciones de paz con los comandantes militares de París, Lothbrok exige ser bautizado para que pueda ver a su amigo cristiano, el bueno del clérigo Athelstan y reunirse, con él, en el cielo. Sus capitanes vikingos se sorprenden cuando lo encuentran en esta conversión. La lucha encarnizada con su hermano Rollo (Clive Standen) que toma partido por la hija del príncipe parisino. Un Ragnar que no encuentra respuesta a tanta traición. Pero la gloria, la riqueza y el poder salpica a la familia más unida Esa dedicación, su atención a los detalles y sus historias creíbles pero fantásticas le han valido a Hirst la aclamación. También ha reavivado un fervor mundial por la mitología nórdica y las aventuras vikingas. Si va a durar otro milenio o no queda por verse. Las tensiones se filtran en medio de sangrientas batallas que representan la cultura escandinava primitiva en las cuatro temporadas, desde su inicio, ha convertido a “Vikings” en un programa de televisión por cable, con unas medios de 4,5 millones de espectadores por episodio emitido.

 

 

El próximo otoño se pasará por las diferentes plataformas de fibra los 10 primeros capítulos de la sexta entrega y última, de esta mítica serie que adquiere, la vitola de culto, que alcanza una media de 8,6 según la página IMDB. La dirección de sus episodios, dirección artística y una hermosísima fotografía de un gran John S. Barley no dejan ninguna duda que es una grandísima producción. Mención al trabajo de la Sountrack de Trevor Morris, grandísimo compositor, que da el tono en cada momento. Sin dejar de lado ese aura, Shakesperiana, ya mostrada en The Tudors o Elizabeth, marca de la gran escritura de MH. Obviamente, estamos ante un espectáculo, donde se nos presentan unos cristianos perfectos o vikingos desinfectados. Nos muestra la manera desordenada, sangrienta y engañosa de los humanos en una búsqueda de poder y en interés propio. En ese proceso, también nos muestra cómo la idea del cristianismo venció a las religiones paganas del Norte, convirtiendo a una feroz comunidad de guerreros en algunas de las personas más civilizadas y pacíficas del planeta. Algo si que vamos a echar de menos y será otra serie que pasará, a su mayor gloria, el Valhalla.  Nota: 8,4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Mirzapur (2018) mafiosos hindúes

Mirzapur, es un lugar tan cercano a los arrabales de Nápoles que la historia, podría haberla escrito Roberto Saviano —que, está de enhorabuena— pues, se presenta en la Berlinale, su última creación, ya como guionista: “Piranhas” Adaptación de su último libro “la banda de los niños” (2017). Sin embargo, el húmedo clima y la tórrida temperatura del subcontinente indio marca, una peculiar barrera geografía con el apacible y canalla Mediterráneo. Y es que Mirzapur es uno de esos pequeños placeres que uno puede disfrutar en nuestros templos de la cocina Made in Euskadi. El acierto de los guionistas Karan Anshuman y Puneet Krishna ha sido contundente. Así, como la esmerada y efectiva dirección de Gurmmeet Singh, un tipo al que no hay perderle la matricula. Artesano de la cámara y expresionista de un lenguaje provocador y pictórico enamorado del maestro Satyajit Ray&Quentin Tarantino. La serie de 9 episodios fue adquirida por Amazon e incluida en su contenido audiovisual Prime. Son muchos los negocios del capo Bezos en el rico continente de la meditación y mercadeo de todo tipo. Y no es el primer producto que se pueda encontrar en él curioso catálogo de ficciones —de la plataforma— de la millonaria firma de Seattle. Hace unos días, ya se puede ver en su versión doblada para aquellos que sufran, con el lenguaje hindú y sus dialectos autóctonos. Otro ingrediente más, a este suculento plato, a degustar.

La serie sigue a dos hermanos que se cruzan con el hijo errático de un don de la mafia, en una historia llena de violencia de pandillas en una ciudad sin ley en el interior de la India. La retorcida serie está protagonizada por Pankaj Tripathi, Ali Fazal, Vikrant Massey, Divyendu Sharma, Kulbhushan Kharbanda, Shweta Tripathi, Shriya Pilgaonkar y Rasika Dugal. Nombres que a un servidor, sin grandes conocimientos del megacine indio actual, no ne suena mucho. A pesar, que no son los primeros actorues de origen hindú que están trabajando para la ficción británica y norteamericana. Repito, no todos, pues con la cantidad de peliculas y series que se ruedan en Bollywood, viven más que bien. Nos embarcamos en el viaje de estos dos hermanos atraídos por la idea de poder; sólo para ser consumido por el propia casta gangster dominante. Mirzapur es una representación amplificada del corazón y la juventud de la India. Es un mundo repleto de drogas, armas y anarquía, donde la estirpe, el poder, el ego y la soberbia se entrecruzan para dar a la violencia el salvoconducto hacía la única forma de vida respetable. El puño de hierro, lo obstenta, Akhandanand Tripathi, un exportador de alfombras millonario y el mafioso, a modo de “Don” de Mirzapur. Su hijo, Munna, un heredero indigno y hambriento de poder, no se detendrá ante nada para obtener el legado de su padre. Un incidente en una procesión de bodas lo obliga a cruzarse con Ramakant Pandit, un abogado destacado, y sus hijos, Guddu y Bablu. Esta bola de nieve se convierte en un juego de ambición, poder y codicia que amenaza todo el entramado de la ciudad sin ley. Con una acción conmovedora, violencia a escala operística, mafiosos con mentes afiladas y un turbio humor seco: Mirzapur es una historia del interior indostánico, tan cruda como la hiel.

Su escritura está cuidadosamente calibrada, ya que confía en la psicología de sus personajes sobre las elaboraciones de un gran argumento y subtramas. Como resultado, el magnífico Mirzapur, se conforma como, un drama legado de gángsters de la India media que podría presumir de las dos actuaciones más fascinantes de este último 2018. Estamos, ante un estudio sobre la construcción de mundos de larga duración. Además, de ser inteligente e intuitiva, no se aleja de los episodios de indulgencia sangrienta y audaz que han plagado este género de cine en la última década. Sin embargo, en contraste con las películas, el programa de nueve episodios tiene el tiempo y el ancho de banda para dar forma a sus caras vanguardistas, deslineando su núcleo narrativo y persuadir los momentos individuales de un conjunto talentoso. Reitero, estamos ante una gran película seriada. No es sorprendente que los puristas, especialmente aquellos que juran por su competidor, de Netflix, sean los que hayan rechazado este espectáculo como una estafa barata de Gangs of Wasseypur. Eso, en mi opinión, es quizás una señal del inusual, de lo bien hecha que esta Mirzapur y de su triunfo. Va la envidia va por todos los barrios del mundo. Un espectáculo que resalta descaradamente, “el relato” en la narración de cuentos y la “realización” en la dirección de películas. Eso no quiere decir que los otros en Mirzapur no importan. Con un conjunto que presenta a algunos de los actores más talentosos (y poco utilizados) del cine hindú, no es de extrañar que el papel de las presentaciones sobre las grietas incómodas en el equilibrio narrativo.

Otras muchas producciones —Made in India— podrían hacer bien en reconocer la importancia de un asesor lingüístico de los dialectos: los actores más jóvenes han trabajado visiblemente para captar la física sin ley. Empero, no solo de las palabras se devora la narración, sino también de las acciones entre ellos. Ali Fazal es una revelación como la fuerza física de los cerebros de Massey: su forma de andar encorvada como un culturista enérgico recuerda al Tom Hardy de The Warrior (2011). Al igual que lo hizo en Gurgaon, Pankaj Tripathi enmascara hábilmente el cansancio de un hombre adulto dividido entre el papel de un padrino asesino y un padre indio. Inicialmente, parece que contrata a los dos hermanos para provocar a su hijo para que supere el lujo de la herencia. Pero el rostro inexpresivo de Tripathi apenas deja ver que su personaje es mucho más sistemático; de hecho, ha contratado a dos personalidades ocurrentes para ayudar a su hijo a aprender —que debe evolucionar desde la fuerza física— como un auténtico psicópata, hasta el cerebro metodico de un villano. Reiterar el gran talento que existe en el cine hindú y algunos pequeños excesos, como la superboda y la profesión, a pesar, de su plástica y expresividad. Lo dicho, el equilibrio narrativo es una obviedad. Así, que sin más preámbulos, el espectáculo está servido. La nueva ficción televisiva, no tiene fronteras en un mundo globalizado donde el llanto, la risa, la vida y la muerte van cogidas de la mano desde Los Angeles, pasando por Londres, un café en Napolés y aterrizando en Mumbai. Nota: 8,3

 

 

True Detective 3 (2019) “Cuando el creador aburre”

 

En julio de 2015, Nic Pizzolatto, el escritor y creador del drama criminal, True Detective de HBO, le dijo a Vanity Fair que la única conexión entre la primera y la segunda temporada del programa sería: Nic Pizzolatto. “Yo, sí. Yo”. “Además de “detectives, intimidades e ideas… Pero sólo soy yo. Eso es lo que hace que sea el mismo programa”. La primera temporada de True Detective fue, como todos los programas de televisión, una colaboración entre cientos de personas, y en este caso, Cuatro en particular: Nic Pizzolatto, el director Cary Fukunaga y los actores Matthew McConaughey y Woody Harrelson. El resultado de este esfuerzo de grupo, un crimen negro embadurnado de un aura filosófica, que sacó de las madrigueras a todo tipo de tribus ante un hype sin parangón en la historia de la novela negra, adaptada a la TV de luxe del Siglo XXI. Critica de todos los pelajes aclamaron el producto Made in HBO. Nominaciones a los Emmys, Globos de Oro y más premios. En definitiva, el bote del Euromillón para un escritor novicio que sólo había escrito una novela del montón llamada Galveston (curiosamente, este pasado año se ha estrenado la película, que adapta la novela de Pizzolatto y me pregunté…¿Por qué demonios, no la dirigió su creador, ahora que le ha cogido tanto gusto a la cámara?) sirvió de germen para todo el boom que arrasó la ficción del planeta. Pizzolatto se creyó Dios y el inventor del cine negro; un nuevo Poe. Pero HBO, es como dicen los periodistas deportivos del Madrid o del Barcelona. Por encima de sus estrellas están los escudos. El negocio sigue y se necesitan nuevas temporadas. Pero el vanidoso de Pizzolatto comenzó a enfatizar su papel, evidentemente enorme, en el proyecto con la inseguridad camuflada y sustancial de una verdadera pieza de trabajo. Y creo una segunda temporada llena de vacíos, prisas e incongruencias. Todo lo que le hizo grande en la primera temporada. Crecer como un notable guionista o showrunner se fue al traste, por culpa de su maldito ego (el estado de ánimo, el humor, las consultas existenciales, los personajes singulares, los detalles genuinamente extraños) se convirtió en puro plomo, tostón, y desdén sin humor. En aquella desastrosa segunda parte que terminó por cortar de pleno la amistad entre guionista/director: Pizziolatto/Fukunaga. Pero de todas las antologías recientes y de alto perfil en las que la unidad de medida es la temporada más que el episodio, parece tener, en última instancia, el sentido más débil de su propia estética. ¿Qué era realmente True Detective? ¿Sabe su creador de que va esto? Aquella temporada sólo sirvió para darle rienda suelta al poder y el ego de escritor/guionista muy creativo sin control de sus obligaciones.

 

Todo un desorden subvertido y sin rumbo que prometía entregar una inquisición al estilo de Chinatown sobre la corrupción en las grandes ciudades, pero estaba contenta de revolcarse en la autocompasión masculina y en los clichés del tipo rudo. La configuración regional cambió de un planteamiento a lo Flannery O’Connor contra el encanto de H.P. Lovecraft en Louisiana de las calles medias Neonoir de Los Ángeles. Un entorno que se ha hecho y se ha vuelto a hacer. Los guiones con problemas de humor se duplicaron en un machismo desesperado incluso cuando trataban con el único personaje femenino prominente del elenco principal. Al final, la serie ejemplificó la caída libre cualitativa más extrema de la temporada. Lo más triste de aquel fracaso, fue como se vio disminuir de manera retroactiva la primera temporada, que, en retrospectiva, también se vio afectada por cierta vis de machismo, la mala conspiración y la autosuficiencia. En la gerencia de HBO, cortaron cabezas y todo el mundo tuvo un larguísimo tiempo para reflexionar. No obstante, True Detective se convirtió en una franquicia de primera línea. A pesar del descarrilamiento de la fallida 2T —que convirtió todo vínculo— con el producto en basura. Se dudaba de la viabilidad del proyecto. A punto estuvieron de cancelar el show. Hasta que Pizziolatto comprendió al canal de que lo que querían: era la frescura de la fascinante primera entrega. No se pusieron plazos, pero si refuerzos o cualquier tipo de sinergias. Caso de la colaboración en el guion del veterano David Milch (Deadwood). Bien, hace unas seis semanas que se estrenó el nuevo “True detective”2019 es ligeramente más pretencioso, manejable, ridículo y aburrido. La historia está ambientada en los Ozarks de Arkansas, durante los años 80, 90. Además, el pasado reciente, no responde a esa molesta y fundamental pregunta sobre la serie, a saber, qué es exactamente True Detective: ¿una colección de historias? Por ejemplo, el título de su primer episodio “La gran guerra y la memoria moderna” hace referencia al libro de Paul Fussell sobre la Primera Guerra Mundial y la poesía inspirada desde sus trincheras: es una medida de su pomposidad permanente. “¡Gas! ¡Gas! ¡Vamos, vamos muchachos. Rápido!”

 

 

Los detectives de la Policía Estatal de Arkansas Wayne Hays (Mahershala Ali) y Roland West (Stephen Dorff) se apresuraron a subir al escenario a darlo todo. Estamos delante de la típica pareja de policías fronterizos, tipos curtidos y a la vez, veteranos de Vietnam. Hays hizo dos misiones de servicio como un especialista de reconocimiento de largo alcance. Un explorador de élite, detrás de las líneas enemigas, un pionero solitario en la selva. Ahora rastrea a un jabalí, en sus días libres por diversión y caza con arco. Pero su intensidad innata no permite la diversión. “Él tiene su propia cosa”, como dice su compañero. Una tarde de 1980, en un rincón ligeramente deprimido de los Ozarks, un niño de doce años y su hermana de diez años se suben a sus bicicletas y se meten en un caso de personas desaparecidas. Después de decirle a su padre, Tom Purcell —un colosal Scott McNairy— que van a dar una vuelta y volverán antes de que se ponga el sol. Éste sigue reparando su automóvil y mientras suena la música de fondo, se le hace de noche. La madre, Lucy Purcell, de los niños vive es una mujer muy conflictiva —alcohólica prostituta— interpretada por Mamie Gummer (es la hija de la gran Meryl Streep, lleva el oficio en los genes). Junto con Ali, lo mejor de la entrega. Su desaparición coincide con el 7 de noviembre: “el día en que murió Steve McQueen”, se nos dice con nostalgia, como si fuéramos llamados a observar un momento de silencio por los ideales masculinos caducados. Una fiesta de búsqueda de voluntarios también es el sitio de la primera cita de Hays con Amelia Reardon (Carmen Ejogo, su futura esposa), la maestra de inglés del niño desaparecido. En un estentóreo eco del truco filosófico de la temporada 1 (“El tiempo es un círculo plano”), Hays explica un poema de Robert Penn Warren, y Amelia vuelve a galantear citando a Einstein: “La distinción entre pasado, presente y futuro es solo persistentemente obstinada”. Espejismo.” Pizzolatto estructura la nueva temporada en la imagen de este concepto. Antes de que sea 1980, es 1990: insistiendo en la evidencia, ha anudado el arco de búsqueda que ató el caso. Hays y West reabren la investigación. Lo que causa algunos momentos de fricción entre Hays y Amelia, ahora casada, con dos hijos. Amelia acaba de terminar “una novela de no ficción” sobre el crimen. Una mirada a la copia de una galera sugiere que el libro supera las cuatrocientas páginas, en un claro paralelismo y cuasi homenaje a la obra de culto de Capote. Empero la sencillez es antitética al movimiento del espectáculo.

 

 

Antes de que sea 1990, es 2015: Hays, un viudo de setenta años que lidia con el inicio de la demencia (Alzheimer); se mete en su sala de estar para encontrarse con una documentalista del programa Making a Murderer cuyo programa está examinando el caso. Sus preguntas lo inspiran a tomar otra grieta al romperlo; está luchando por reconstruir tanto el misterio como su mente. Su hijo lo lleva al escondite hermético de su ex pareja, que se ha convertido en otro anciano, tullido, por el affaire del tiroteo del chatarrero. Medio trastornado por su adicción al whisky y amante de los perros. West está muy triste de que Hays nunca se haya disculpado, pero “True detective 3” no nos ha mostrado el porqué de las supuestas disculpas. La tensión entre ellos es dilatada, pero se retiene la razón de su existencia. Los Hays de 2015 quieren revisar el caso, pero el público ni siquiera sabe lo que determinaron las visitas anteriores. Y parece que el anciano ha descubierto información crucial, cuando, finalmente, comienza a leer el primer libro de su difunta esposa. Han pasado 25 años desde su publicación. Sustituyendo la ofuscación por la intriga y la complicación por la complejidad. El espectáculo simula un movimiento narrativo al tirar de tu cadena. Y así nos encontramos con todos estos personajes —hipotéticos sospechosos— una cuadrilla de adolescentes malhumorados, un primo mayor con el comportamiento de un tipo espantoso, un hombre de mediana edad afroamericano tuerto, sin identificar. Luego, para seguir el latir de la actualidad más escabrosa, la maldita institución del catolicismo en general. Y el supuesto, MacGuffin, cabeza de turco: un chatarrero nativoamericano que explica que no pudo readaptarse a la vida civil después de su regreso de Vietnam. Hay una frase del personaje que resaltamos: “¿Alguna vez has estado en algún lugar al que no pudiste dejar y no pudiste quedarte? ¿Ambos al mismo tiempo? “(Otro de los diálogos que ha dejado su sello por el mal gusto y no voy a dar ningún spolier es;¡Tengo el alma de una puta!”).

 

 

Entre las evidencias recogidas se incluyen: un puñado de muñecas sin rostro, manojos de paja diminutos, vestidos de novia, que son portentosos a primera vista y cursis en muchas miradas posteriores, no muy diferentes de la serie en sí. Mientras observaba por el Smartv de 50´ seguí dándole vueltas a todo este pequeño juego de salón en mi cabeza, pensé: ¿Y si esta hubiera sido la segunda temporada del programa, en lugar de la tercera?  ¿Pensaría más o menos de eso? ¿Me gustaría menos si no es tan buena como la primera? ¿O lo pensaría más porque no me incliné a pensar en toda la serie como una especie de broma pretenciosa? ¿Ser mejor que la segunda temporada es realmente un uso preciso de la palabra “mejor”? ¿Ser “peor” que la primera temporada es tan malo? Luego me pregunté qué pensaría si no hubiera existido ninguna de las dos temporadas anteriores, y me di cuenta de que probablemente no estaría pensando en ello. El desempeño de Mahershala Ali es un ejemplo de lo que puede ser el show, pero la tercera temporada en su conjunto permanece como un recordatorio decepcionante de lo que fue. Algo, así, como la maldición de todos los estrenos auspiciosos. True Detective es un espectáculo que siempre estará condicionado por su glorioso pasado, medido contra los máximos de su primera temporada y los mínimos de su segunda. Está tan lleno de clichés que a veces aparece como una sátira: no puedes poner los ojos en blanco ante Ali. Evidentemente, es lo más notable de la temporada. Es posiblemente, el mejor actor afroamericano de su generación y uno de los mejores de la historia de Hollywood. A pesar del material delgado, su actuación aquí es siempre sincera y profundamente sentida. Lo que finalmente hunde esta temporada, o al menos tras los siete episodios vistos, es la monotonía de todo ello. Con la excepción de un par de secuencias de acción, casi todas las escenas tienen el mismo ritmo, cansino, lánguido y rompiendo la narrativa del lenguaje, por excelencia. A menudo, se centran, en dos o tres personas; que se reúnen solemnemente a sotto voce. Lo más fascinante, es ver a mi esposa, escritora—nada famosa— y adicta a las series de detectives. Ha escrito cinco libros y dos de sus novelas son Pulp/NeoNoir. Pues, sí. La gran fan de True Detective 2019 era todo deleite verla roncar en el sofá. Anécdotas, a un lado, evidentemente, desenredar la inteligente cronología: es la confrontación de un espectáculo de policías del medio Oeste. Sin garra, ni ganas y dirigido por un escritor de guiones de cine negro italoamericano que aburre. Nota: 6,7

 

 

 

Uspjeh (2019) o Success de HBO en Croacia

La ficción audiovisual se está convirtiendo en una nueva forma de expresión del lenguaje literario y estético. El auge de las grandes cadenas del streaming y su introducción —cada día, a más— dentro del último rincón del planeta es una obviedad. Si Netflix está sondeando sus posibilidades en el mercado africano —suena chocante, pero es verdad— su contrincante, la vetusta HBO, se ha centrado en la vieja Europa que se enfrentó en la última guerra contemporánea, caso de la otrora exyugoslavia. Las cosas han cambiado mucho, en estos últimos 25 años. Aquel paisaje y ahora mismo, la producción televisiva del gigante norteamericano tiene varias bases operativas de desarrollo de proyectos. Desde los Balcanes, a la vecina Centroeuropa. Proyectos que hemos visto desde Chequia con Pustina (2016), Rumania y su magnífica Umbre (2014) o Polonia, The Border (2014). Ahora, habría que sumarle la maravillosa creación croata; Uspjeh (2019) que en serbocroata, significa éxito y para la audiencia norteamericana se ha traducido como Success (2019). Los productores del proyecto son Johnathan Young (HBO Europe) y Ana Balentovic (HBO Adria). Al lado de la productora local Drugi de la ciudad de Zagreb. Una historia de seis episodios escrita por el macedonio Marjan Alčevski (un guionista con gran futuro) y dirigida por el oscarizado Danis Tanović, con la ejemplar, “En tierra de nadie”(2001). Una mano que se nota tanto en la dirección —de unos actores muy notables— y la perfecta narración ceñida a un montaje muy elegante. El resultado no puede ser más prometedor. A modo de cuento Caverniano y en un línea muy Altman nos encontramos con tres absolutos extraños, los cuales, se unirán a través, del azar, en una serie de incidentes desafortunados; cuando intenten ayudar a una víctima por el asalto de un tipo muy violento. A medida que las consecuencias de sus acciones se filtran en cada aspecto de sus vidas; estas personas de diferentes orígenes: deciden recuperar el control de sus vidas. Es una oda amarga a la ciudad de Zagreb, que brinda una visión oscura de las diversas estructuras de la sociedad actual, a través de las vidas de las personas comunes y corrientes conducidas por la misma sociedad. En la moderna capital croata, Success, disecciona las capas de una sociedad urbana, diversa y moderna.

Explorando temas tan interesantes desde el punto de vista del análisis interpretativo, como la frustración, la alienación y el deseo de liberarse de las trampas de la vida cotidiana. Uspjeh o Success, como gustan en USA: es un drama bellamente escrito que roza la superficie de la vida urbana contemporánea. Una historia apasionante que desenreda hilo a hilo. El relato universal de la vida: alegría y desencanto por ser mejores cada día. Aquí nos vemos delante de unos personajes deliciosos: el padre de una familia en apuros que está a punto de perder su casa; Kiki (Toni Gojanovic), la bella joven estudiante y volcánica Blanka, una actriz muy interesante (Tara Thaller). Posiblemente, la gran protagonista —de entre todos los que completan este cuento cotidiano— una chica llena de sueños, entre la adolescencia y la seducción del nuevo capitalismo que envuelve a ese Zagreb Noir.  Siendo la victima de una relación humillante y dolorosa, junto a su novio Viktor: un chico guaperas, caprichoso y muy agresivo. Después, esta una mujer Vinka (Iva Mihalic) que le acaban de ascender en el banco donde trabaja. Cuando de camino, en el coche, a raíz de un atasco es golpeada por un sicario y termina con múltiples contusiones y un brazo roto. Su esposo, Ivo (Goran Bogdan), un actor con un puñado de rodajes, gran profesional; es un abogado que trabaja en el gabinete de relaciones económicas de la capital balcánica con la UE. Se muestra nervioso y acosado por el crimen organizado. Por último, entra en escena, el hombre enigmático y de algún modo el líder del grupo.

 

 

De un gran parecido, con al actor británico, Hugh Laurie de House: El arquitecto Haris interpretado por (Uris Fehmiu) que se siente atrapado —nuevamente— por un encargo de un edificio de lujo que esconde irregularidades y apesta a corrupción política. Una noche tras una discusión que venía de largo, el novio de Blanka, Viktor (Pavle Matusko) persigue a Blanka, que le acaba de dejar y comienza una discusión fortísima. En el intento de defender a la chica, los otros tres coincidirán en un parque, que marca la noche croata. Cada uno tenía asignado el papel que te da la vida. Empero por el caprichoso azar, hace que todos ellos se conviertan en cómplices del asesinato del cruel y fogoso, Viktor. Una muerte de la que nadie le interesa estar implicado debido a que —el muerto de esta historia— es hijo del capo criminal más temido de la capital, Danilo, interpretado por uno de los mejores actores del cine croata: Goran Navojec. No podemos olvidarnos del factor de la indefensión y quien vela por los derechos y la seguridad de los ciudadanos: la policía de Zagreb. Aquí aparece una actriz con mucho carácter y creíble que es la inspectora Kalic (Marija Skaricic). Cuestionada y acosada, continuamente, en su trabajo. Además, de vivir con la espada de Damocles del clan mafioso, en cada paso que va dando. La acción sigue las historias entretejidas de esos extraños, salvadores. Cada uno luchando contra su vida cotidiana, en la ciudad, que vinculó de manera irrevocable al affaire impulsivo. A medida que las consecuencias de sus actos comienzan a atraer cada aspecto de sus vidas.

 

 

Esas mismas personas, comunes y corrientes, con cómplices historias diarias; deciden recuperar el control de sus vidas. Zagreb parece una verdadera metrópolis europea, no una aldea balcánica en el fin del mundo. La BSO es genial, y la música de los años 60 retro de autores locales, parece que nos encontremos escuchando lounge y temas de culto, entre covers de época (el recuerdo de la banda sonora de Kiling Eve o Sharp Objects está ahí) provoca un entusiasmo en la sincronización del visionado.Tanović nos dibuja esa nueva radiografía de la sociedad de Zagreb. La pujanza económica de uno de los países con mayor crecimiento de las enfrentadas exrepúblicas balcánicas. Una ciudad que quiere prosperar e invertir, en grandes infraestructuras y centros de negocio, mientras parece quedarse atrás, en otros temas. Lo perverso del sistema, es que como el que no quiere, simulando ingenuidad, y aparentando; no darse cuenta que el pasadizo más corto para ello, es la senda de las corruptelas de la actual sociedad capitalista. El mismo, que día a día, atrapa a la vieja Europa. Aquel que se revela con sus actuales sentimientos de desamparo, dentro de una enquistada frustración, de la vida en esta nueva Croacia. A la postre, una muestra realista, del día a día de aquellas viejas repúblicas yugoslavas, que mancillaba, el tirano Tito y ahora pelean por encontrar un sillón lo más burocráticamente confortable en Bruselas.

 

 

 

De Dag (2018) El gofre poliédrico belga

 

Siguiendo con el nuevo itinerario de nuestra publicación; en busca de nuevas ficciones audiovisuales por todos los rincones del planeta. Hemos topado con una genialidad Made in Belgium. Ya sabemos de sobra que los belgas se caracterizan por su riquísimos Gofres y excelentes bombones. Lo curioso de la nueva hornada de realizadores —de este divido país— es que la gran mayoría de las producciones se llevan a cabo en territorio flamenco. También, hemos visto cosas muy interesantes, en la parte Valona, caso del thriller: “La Trêve” (2015) en Sundance TV y Movistar. Pero lo de estos tipos está calando muy hondo. En EE.UU, no paran de halagar el nuevo producto de los creadores de De Dag “The day 1” (2018). Cuando los productores de la serie; Jonas Geirnaert y Julie Mahieu y el productor ejecutivo de Telenet John Porter: afirmaron que “De dag”(2018) es la mejor ficción criminal de este año. No se estaban marcando un lobo.

 

 

Una vez visionados los primeros 6 episodios; sigo todavía en un estado de shock. Evidentemente, si vieron otras dos joyas de estos creadores como fueron “Beau Séjour” (2016), producida por Netflix —mediante el convenio de coproducciones con los países, donde exhibe su material— y “Tabula Rasa” (2017), distribuida por el gigante del streaming de Scotts Valley. El thriller belga está rompiendo muchos esquemas desde que David Fincher abrumara al mundo con su film de culto; Seven (1995). Qué es lo que hace de De Dag (2018) un producto pluscuamperfecto: su frescura, la ejecución en la dirección, con planos realmente originales y que dentro del lenguaje narrativo nos hacen cómplice de toda la historia, que gira, tuerce, vuelve al inicio, le da tiempo a fumarse un pitillo y tocar una subtrama que aparentemente es prescindible. Ahí reside la inteligencia de este producto, en hacer de lo insubstancial, algo erudito.

 

 

A partir de un atraco a una sucursal bancaria de un pueblo flamenco residencial. Comienza un tira y afloja entre los atracadores y las unidades de policía que se acostan en los alrededores. Comienza una historia, entre los aromas de Lumet y la histeria del gran carnaval de Wilder. Una situación asfixiante y a la vez inquietante, donde los puntos de inflexión y observación son imprescindibles. A medida que transcurren los episodios la piezas del puzzle comienzan a tener sentido. No por ello, habrá, golpes y nuevos giros de guion que dejarán al espectador fuera de cobertura. A destacar, el elenco de actores, muchos de ellos, casi familares de los espectadores de las series salteadas de Beluga. Caso de Bob Snijers, Jeroen Perceval, Lynn Van Royen, Lukas de Wolf, Sofie Decleir, o Willy Thomas. Lo dicho, si parpadean o se van al WC, están perdidos. Pongan la tecla en pausa y vuelvan a darle al play. Nota: 8,2

 

The Cry (2018) “El dolor del alma y la mentira”

 

En 200mgHz, iniciamos el nuevo año con nuevas series. Vamos a intentar bucear en los 5 continentes, a través, de la webesfera. El fenómeno de la ficción está creando una compleja red de sinergias audiovisuales, donde convivimos cinéfilos, seriefilos y gente que adora la literatura. Habría que añadir la coletilla del escritor Jorge Carrión y ese gran título de su libro sobre las series más creativas de los inicios del S.XXI; Teleshakespeare. Bien, ya han terminado unos Globos de Oro, donde hemos visto cosas interesantes y nos atreveríamos a significar el golpe de efecto de la sorpresa y la decepción. Desde la ejemplar The Americans (2013) a la maravillosa Patricia Arquette en Escape to Dannemora (2018). Series comentadas y muchas de ellas—dentro del Top 30 de la redacción— con muy buenos premios. Pero, el pasado ya es hemeroteca, y hoy, ya estamos cumpliendo los primeros 8 días del año. Aquí llegamos con nuestra primera recomendación: “The Cry”(2018) emitida por Sundance TV y BBCOne. Producción británica, dentro de un proyecto de colaboración, junto al consejo audiovisual del estado de Victoria (Australia).

 

 

Dirige un notabilísimo Glendyn Ivin, doctorado en Cannes en el año 2003 con una ópera prima el cortometraje “Cracker Bag” Palma de Oro. Un clásico del audiovisual australiano, esencialmente, como realizador de miniseries del país de los canguros. Aquí, nos encontramos con dos actores de gran carisma, los cuales, sustentan el argumento de esta dolorosa y cruel historia. A partir, de la adaptación de la novela original de Helen Fitzgerald, en manos, de la guionista Jacqueline Perske; nos traslada a una trama, en lo más hondo, del dolor del alma de unos padre. El matrimonio entre Joanna Lindsay (Jenna Coleman, actriz británica, conocida por sus papeles de Dr.Who) y su compañero, un jefe de prensa del gobierno escocés, de origen australiano Alistair Lindsay (Ewen Leslie, australiano) que dejó muy buen sabor de boca en Top Lake (China Girl) (2017). The Cry, atisba, algunos trazos de la gran Nicole Kidman de The Big Little lies (2017), la singular Ruth Wilson, The Affair (2014) y también, a Jessica Biel en The Sinner (2017). En The Cry (2018) observaremos un viaje oscuro y tortuoso del día a día de una pareja rota.

 

El concepto de paternidad del nuevo occidente, la crisis de identidad, las mentiras y la perdida de lo único que podía hilvanar a la unión como pareja: se desmorona. Glendyn Ivin ha puesto sobre la pantalla un modelo narrativo, de tiempos fracturados  que se desplaza , con el ya célebre recurso del Flashforward para crear un lenguaje audiovisual sobre el esquema de un tiempo que viaja como un carrusel de feria. El pasado es presente, el futuro es presente y el presente está en todos los tiempos. Un magnífico trabajo, donde las hebras narrativas tienden girar, en pequeños apretones, de esa soga que aprieta tenazmente los movimientos de la pareja protagonista. A destacar la exesposa de Alistair, una fantástica Alexandra Lindsay, interpretada por una maravillosa (Asher Keddie), y cómo no, la hija adolescente que tuvieron en común Chloe (Marella Kavanagh). Lo dicho, 4 episodios de 60 minutos y un estupendo thriller psicológico. Dónde Uds. asistirán a la insoportable degradación de un matrimonio con un trasfondo —realmente tóxico— que les mantendrá pegados a la pantalla de su dispositivo de TV. Seguiremos informando Nota:7,7

 

The Top 10 albums of 2018

 

1. Paul Weller “True Meanings”


2. Courtney Barnett “Tell Me How You Really Feel”

 

 

 

3. Elvis Costello & The Imposters “Look Now”

 

 

4. Mitski “Be the Cowboy”

 

 

5. Richard Thompson “13 Rivers”

 

 

6. Rolling Blackouts Coastal Fever “Hope Downs”

 

 

 

7. 1975 “A brief Inquiry Into Online Relationships”

 

 

 

8. Snail Mail “Lust”

 

 

 

9. Kurt Vile “Bottle It In”

 

10. Low  “Double Negative”

 

 

The Best films of 2018

1. Roma (2018) by Alfonso Cuaron

 

 

2. The Ballad of Buster Scruggs (2018) by Joel Coen&Ethan Coen

 

 

 

3. First Reformed (2018) by Paul Schrader

 

 

4. Annihilation (2018) by Alex Garland

 

 

5. Windows (2018) by Steve McQueen

 

 

 

6. The Old Man&The Gun (2018) by David Lowery

 

 

 

 

7. Burning (2018) by Lee Chang-Dong

 

 

8. The death of Stalin (2017) by Armando Iannucci

 

 

9. Revenge (2017) by Coralie Fargeat

 

10. Mandy by Panos Cosmatos

 

The best news series of TV 2018

 

  1. The Terror

 

 

2.Escape at Dannemora

 


 

 

3. Mistery Road

 

 

4. Sharp Objects

 

 

5. Hommecoming

 

 

 

 

6. Patrick Melrose

 

 

 

7. Killing Eve

 

8. Jack Ryan

 

 

9. Yellowstone

 

 

10. The Haunting of Hill House

 

11. Waco

 

 

12. McMafia

13. Trust

 

14. Counterpart

 

 

15. Altered Carbon

 

 

16. The Looming Tower

 

17. A Very English Scandal

 

18. The assassination of Gianni Versace

 

 

 

19. The Marvelous Mrs. Maisel

 

 

 

20. Narcos Mexico

 

 

21.The Little Drummer Girl

 

22. Mr. Inbetween

 

 

 

23. Mosaic

 

 

24. La Tréve

 

25. Black Earth Rising

 

 

26. Seven Seconds

 

 

27. Mayans

 

28. Pose

 

29. Castle Rock

 

 

30. Dietland

 

“A Very English Scandal”(2018) La diversión del partido liberal y la BBC

 

Hay que reconocer que la nueva televisión del streaming está con el cuchillo entre los dientes. El jugador por excelencia y gran capó de este negocio es Mr. Hastings y su imperio de Netflix. Bien, HBO, sigue con su programación semanal de estrenos y en el resto del mundo ha optado por la tecnología de los californianos que hace milagros. El Outsider de Hulu, siendo la más pequeñas de todas, ahora mismo, hay hostias por firmar acuerdos de distribución de sus producciones. Caso del “Cuento de la criada” en España, ya que los abonados patrios la ven, a través de HBO Spain. ¿Pero, creo que nos estamos olvidando de un jugador que tiene barra libre y silla vip en la partida de la nueva ficción del S. XX? Sí, queridos amigos, se lo están imaginando. Hablamos del hombre más rico del planeta, ese tipo que tiene aspecto de calvo del anuncio de la lotería y ancestros de origen español: Mr. Bezos. Y muy mala fama entre sus trabajadores del empaquetado. Su plataforma Amazon Prime, lo está petando con producciones de luxe y creadores de gran pedigrí caso de las exitosas Homecoming de Sam Esmail y Julia Roberts, la grandiosa The Looming Tower, The Romanoffs del alma mater de Mad Men, Matthew Weiner. El pelotazo del nuevo Jack Ryan (con nuevo héroe, el actor John Krasinski). Ahí están The Purge de James DeMonaco o sus bizarras; Dietland o Bite Made in Germany. Así como la aclamada en los últimos Emmys: The Marvelous Mrs. Maisel. Sus convenios de coproducción la ingeniosa y prestigiosa BBC, han dado dos joyas, envueltas el mejor de los encantos británicos: McMafia, y ahora, La miniserie “A very English Scandal”. Un producto impactante, divertido, basado en hechos reales y con un guion muy bien escrito. Es evidente, que el binomio Amazon y BBC, se sienten cómodos. Al igual que la dupla: Stephen Frears y Russell T. Davies. Como sugiere el título, A Very English Scandal está plagado de síntomas y símbolos del British Establishment. Hago el inciso de que esta miniserie hay que tener muy claro que hay que verla para ser creída. Es la adaptación de la novela del mismo título, escrita por John Preston, y adaptada por Russel T. Davies. Una ficción de tres horas o partes que tiene muchos perros y mucha política. Además de un buen puñado de aristócratas dandis que regatearon en Cambridge y de largos almuerzos en el Carlton Club. También hay jornadas de caza a la búsqueda de la liebre o conejo de turno. Una carne muy apreciada por fino paladar de los aristocráticos Gentleman´s de la campiña británica. Y, lo que es más prominente, tiene un gran relato central, donde un político ambicioso —educado en el Eton College y con un sombrío armario— que conspira para asesinar a su ex amante mediante un escuadrón de sicarios aficionados, que terminó en uno de los complots más surrealistas y chapuceros de la historia política del Reino Unido de este último siglo XX.

 

Vemos a lo largo del trayecto ligeras trazas del Fargo televisivo de Noah Hawley. Además, de un barnizado, de la legendaria “Un hombre en casa” (1973), pidiendo un poco de crema batida y algunos pepinillos al Sr. Roper. Vamos que si somos honestos; hay más de dos horas de “partidón de caja”. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una serie y todo ello se debe: al extraordinario guion de Russell. T. Davies (Doctor Who, Queer as Folk) y los actores Hugh Grant (About A Boy) y Ben Whishaw (El perfume,London Spy). Detrás de la cámara uno de los grandes directores británicos de los 90, como el ácido, y, estiloso Stephen Frears (The Queen, etc.). Bien, en todo este complejo y estrafalario affaire hay algo muy british, que lleva en su ADN, el touch de la ejemplar BBC. Nadie, en el mundo, occidental tiene tanto orgullo y satisfacción por el significado de un organismo público, audiovisual y al servicio de los contribuyentes, puede estar tan orgulloso de semejante sitio. Esto va por el bochorno, expolio y fraudulenta TVE. Cuando a los popes —de turno— se les llena la boca de mazapán de Soto del Real y beluga venezolano, reivindicando, la épica TVE bendecida por la bestia del valle. No obstante, el viaje que les presento, está muy lejos de toda algarabía soporífera y mareante de la TDT. En la televisión de luxe, uno puede disfrutar y encontrar formas de concebir nuevos conceptos audiovisuales y ahí es, donde “A Very English Scandal” (2018), nos atrapa y encandila. Desde pequeñas cosas, tan sencillas y cercanas, como el formato: 120 minutos. Es decir, 60 minutos por capitulo y sabiendo que te quedan dos, no podrás hacerte el remolón o poner cualquier excusa de turno, para decir, voy a ver fantasmas familiares en Netflix. No esto es una grandísima serie. Segunda razón, hablamos de una gran historia real; disparatada y desgarradora.  Y en tercer lugar, unos actores en estado de gracia: Hugh Grant (el premier liberal Jeremy Thorpe) y Ben Whisahw (el agredido y desdichado gay moralmente y físicamente lenguaraz). Repito, si hay dos Bafta al mejor actor de serie de TV Made in UK; aquí tienen a los favoritos. El escándalo de la auténtica vida de Jeremy Thorpe, el líder del Partido Liberal británico, consumió los periódicos a fines de la década de 1970, cuando fue acusado y juzgado por intentar organizar el asesinato de Norman Scott. Hugh Grant se presenta, de un modo intrigante, como un Jeremy Thorpe, poliédrico y retratando la cordialidad del carisma del joven político. A veces, uno no llega a diferenciar al personaje y el político. Así como su determinación, en la toma de riesgos y su consabido sentido de estado. Lo que no siempre es evidente, principalmente, por el humor de la escritura del libro original. Es el tipo de malevolencia y desesperación que podría obligar a un hombre a tratar de que maten a otro hombre. En el fondo un ser humano, al que como autoridad representativa de los ciudadanos, es un británico más con sus virtudes y defectos. Empero, hay destellos homicidas, en los ojos de Grant que no puede evitarlos. Pero es aún más persuasivo al transmitir la devastación del propio Jeremy Thorpe. Su plan de asesinato que confabula; se vislumbra con ligereza y frivolidad. Acotaciones que lo pueden hacer más difícil de entender. Si bien, no es tan complejo. Pero si se trabaja la decapación del visionado con mesura y atención verán escorzos imprevisibles.

 

 

El pobre Scott, interpretado, por Ben Whishaw muestra hábilmente que es el hombre más joven, tanto físicamente, como intelectualmente. Todo lo opuesto a Thorpe como su compañero sentimental. Scott se ve representado al principio de la historia como un fantasma inestable; que parece chantajear repetidamente a Thorpe (éste le llega a escribir a la madre de JT una carta de siete páginas que incluía detalles sobre su affair). Lo que Scott y Thorpe parecen tener en común es la capacidad de mantener a otros en la esclavitud, confiando sobradamente, en sus ingeniosas capacidades para manipular a las personas. Empero, Whishaw también transmite el deseo de Scott de ser amado, y cómo su enojo va a más; por la forma en que Thorpe lo ha tratado. Un tacto falso e hipócrita —que está más cercano de la tristeza— que con la verdadera venganza. La comprensión limitada de JT de su propia sexualidad se basa puramente en actos físicos: no parece tener la capacidad o el lujo de imaginar que los hombres puedan realmente amarse unos a otros. Luego está el ejercicio de disección de uno de los momentos más oscuros de las recientes desventuras políticas del Reino Unido. A Very English Scandal es una obra festiva. Muy divertida y tremenda. En menos de tres horas, incluye todos los puntos focales de los tabloides relevantes (el comentario del “perro enfermo”, los pequeños delincuentes ingeniosos, la tarjeta infernal de la Seguridad Social británica). Pero es más efectivo para mostrar lo trágico e innecesario que fue todo el asunto de Thorpe, convirtiendo el fanatismo público en vergüenza privada en una mortificación y su correspondiente ritual. En la corte, Scott sostiene que nunca le importó el dinero de Thorpe. Lo que sí le importa, dice, es cómo “todos los libros de historia se escriben con hombres, como yo, desaparecidos”. Es un placer ver a estos dos grandes actores británicos encontrarse sin tener que hacerlo por medio de doblajes de voces u otras tramoyas del gremio. La serie recuerda a los espectadores aquel apuesto progresista político que podría haber tenido una carrera política mucho más exitosa si se hubiera unido sus escaños con el Partido Conservador, como se esperaba que hiciera alguien de su nacimiento y clase. Como liberal en el sistema electoral británico, Thorpe, sólo tuvo una pequeña esperanza de poder parlamentario, más allá de ser una cuña, entre los dos partidos dominantes: los conservadores y los laboristas. Lo que él también era, según el retrato en “A Very English Scandal”, era un hombre homosexual, encerrado en un momento en que ser abiertamente gay estaba más allá de los límites. Todo ello, muy condicionado, a las aspiraciones personales de una carrera en Westminster y la vida pública. Sin embargo el ingenio del maravilloso guion de Davies llega a un momento supremo. En ese instante, donde la aristocrática segunda esposa de Thorpe, Marion (Monica Dolan), le pregunta con frialdad sobre el uso del plural, su respuesta: “Estaba usando un nombre genérico en una cláusula imperativa”, es una risa tonta. Lineal y cínica. De ahí ese touch british que llega a bordear la cirugía gestual del humor corrosivo. Dicen que en Inglaterra hay más de 1.000 tipos distintos de ceños fruncidos en exhibición, desde irresistibles a trágicos. De irónicos a aplastados. Los ricos fruncen el ceño de manera diferente a los pobres, solo una entre muchas diferencias sutiles que crean la narrativa paralela del conflicto de clases que corre junto con la historia de la liberación gay. Bueno, no en paralelo exactamente: al igual que con Jeremy y Norman, estas ideas chocan entre sí una y otra vez. Pero no lo vean tan de color de rosa.

 

A pesar, de la casa de la madre de Thorpe, una villa rural muy cercana a la vivienda del matrimonio Roper. En “AVSE”; Jeremy es un “pit bull” y tal vez un monstruo. Tiene dos matrimonios heterosexuales basados explícitamente en aumentar su popularidad. Discute su intención de que Norman sea asesinado como si fuera un rompecabezas de estrategia y no un asesinato. Pero como la leyenda y la vida nos enseñan, la gente contiene multitudes, y cuando Jeremy reflexiona brevemente sobre la violencia aterradora que ha experimentado con otros pretendientes y amantes, es difícil no sentir compasión y tristeza. Algunas veces se aprovecha de la misericordia y llega a recordarnos al personaje de Robin (Richard O´Sullivan) en la sitcom “Un hombre en casa” (1973). El Sr. Whishaw a menudo interpreta a personas vulnerables y heridas, y su actuación aquí es tremendamente convincente y desafiante. Su Norman es inquieto pero audaz y provocador: carismático, pero, a veces es un tipo sucio. Ese tipo de persona que tu padre odiaría, lo que solo haría que te gustara más hasta que te acabara por decepcionar y te ofreciera otra excusa fácil. Norman es casi toda postura, y puedes ver lagunas momentáneas en su conocimiento, donde el Sr. Whishaw deja pasar un poco de pánico.Durante el juicio con el que culmina la carrera de Thorpe y este espectáculo, el abogado de Thorpe reconoce que su cliente había tenido “tendencias homosexuales”, pero Thorpe negó vigorosamente una relación íntima con Scott. (El sexo gay entre hombres no se despenalizó hasta la Ley de Infracciones Sexuales de 1967; Scott y Thorpe se conocieron en 1961). Reconocerán que ni el comunismo, ni el fascismo habrían sido capaces de llevar a cabo esta ley, tan importante, para la confianza de muchos ciudadanos-as de Gran Bretaña. El liberalismo es tan divertido como un mini azul con techo blanco o los Beatles. El relato niega la negación de Thorpe y lo muestra comprometido, en el mejor de los casos, es una seducción dominante, y en el peor de los mismos es una especie de depredación violenta. Nunca se ha manejado un frasco de vaselina con tanta autoridad temerosa. No obstante, Stephen Frears nos recuerda a los espectadores que la exposición de un inglés en un armario es más grave de lo que parece. Durante el primer episodio, Bessell consulta a Lord Arran, un excéntrico político conservador que intenta despenalizar la homosexualidad. La escena se desarrolla, con una anécdota, para dar rienda suelta a la risa (los tejones y el paté se repiten), hasta que Arran revela la razón de su misión: ya que su propio hermano gay se suicidó y está decidido a intentar salvar a otros hombres, independientemente de ser expulsado del partido tory, lo que ennoblece su honor, a pesar de su vigoroso sentido del humor. En AVES, no cesa la oscilación, en que esta manera de vivir; está más cerca de una farsa loca y la propia tragedia histórica. Es un tono que refleja cómo los tabloides británicos siempre —se han involucrado con el inmensamente rentable acto de avergonzar al público— mostrando su desgracia y caída con un guiño. El columpiazo de Mr. Scott en los créditos finales, donde esgrime unos 80 años plenos es un puntazo. Donde se puede apreciar el encanto que Scott poseía en su juventud. Ya que se pudo confirmar que está vivo y muy bien, increíblemente. Vive con 11 perros (a ellos les debe gran parte de su historia. Nunca, mejor dicho, que es el mejor amigo del hombre y de toda esta riquísima y fascinante historia). A pesar de, no haber podido recuperar su tarjeta de la Seguridad Social. Thorpe fue diagnosticado de un precoz Parkinson en la década de 1980, con apenas, 51 años, sobrevivió, porque la enfermedad le quitó mucho de lo que aportaba el personaje. En 2014 falleció. Sin embargo, el drama, y su vida pública, terminaron en 1979, como corresponde, al desgarrador momento, donde JT saluda a la prensa y sus acólitos, eufórico celebrando su absolución del juicio. Ahí es donde, la posesiva madre y consagrada, Úrsula. Le espetó: “Jeremy, sabes que estás acabado… Lo sabes. ¿Verdad, cariño? Un año después estaba fuera del partido y de la primera línea de fuego del hercúleo palacio de Westminster. Jeremy Thorpe llegó a presidente del partido liberal, mientras los Beatles dejaban al público alucinado con Revolver (1966). Cuando se retiró de la política activa. Los Beatles estaban missing  (nadie se acordaba de ellos) y Londres estaba llamando a The Clash. Al final, los liberales, ganaron un mártir. El mundo estaba cambiando —como le gustaba decir a Bowie— y Londres volvió a ser el epicentro de la revolución sociocultural. La BBC encandiló a 5 mlles de espectadores en su primer episodio. Nota: 8,2